martes, 13 de noviembre de 2012

Título



¿Y vos por qué escribís?
Hoy todos escribimos, ¿no?... a pesar de que para algunos esas palabras no estén apretadas en un polígono blanco (dígale hoja... o el coso éste o feislíbido).
Ah, por las dudas... cuando digo "hoy", hablo de hoy (literalmente) y cuando digo "todos", soy yo (o algún que otro loco).
¿Y de qué podemos escribir si no es de cosas que nos importan?: de todo lo otro se encargan los demás... esos a los que no leemos porque no nos interesa un carajo lo que tengan para decir. Y menos cuando de lo que quieren hablar es de cuanto les duele masturbarse y de como algunas cosas se convierten en cuchillos que se afilan y manejan solos. Y duelen. Cada vez más.
Si querés puedo hacer metáforas y darle vueltas copadas a la estructura para terminar en lo mismo.
Bueno, si... tenés razón: puede que "pueda" y puede "que no". Es muy relativo. Pero por las dudas no lo hago a ver si todavía que hago esfuerzo, la cago.
Bueno, dale... probemos: resulta que la masturbación se convirtió de alguna manera, en un símbolo de lo que no quiero ser. Para algunos puede ser ver un partido de Godoy Cruz o comerse una gorda en un boliche. Para mí es la paja. Para todos es la paja.
Es que a veces uno se da cuenta que la actriz porno que mas le gusta es una amalgama muy obvia entre su hermana y la novia de un amigo. Y a veces si... el universo se va al carajo. Y es asqueroso. Y lastima. Como yo.
La masturbación nada tiene que ver con el sexo. Absolutamente nada. Tiene que ver con los miedos y el ego. Dicen.
Cambiemos de tema: ¿sabías que tengo una banda?, seguro que sí. Si estoy todo el puto día con la viola en casa y es de lo único que hablo: no cocino, no plancho, no limpio, no juego, no cojo. Toco la viola. Y si... de vuelta, ya sé que estoy viejo para aprender a tocar la guitarra. Pero es por la misma razón por la cual escribo esto. No sé cual es... pero sé que es la misma. Ah, por la dudas: no es por las minitas. Eso seguro.
Pasa que, mas allá de que es lo único que no se hacer pero me saca una sonrisa, la banda ésta está buena. Posta. Bah, yo la escucharía (todos la escucharían) pero es que... mi rol es intrascendente. Por lo menos para la banda. Y eso no está bueno. Por lo menos para mí.
La verdad es que estoy podrido de sentirme un boludo intrascendente (capaz que por eso escribo también)... ¿pero que puedo hacer?: el miedo a no saber que hacer de mi vida es mas grande que cualquier fastidioso plan para decirle chau honorablemente a esta épica rockera de mierda.
Perdón por putear.
¿Sabés lo que pasa?... no me gusta putear. A mi no me gusta... en serio. Pero si no lo hiciera, capaz que se notaría que quiero gritar. O llorar. Y eso, dicen, es de putos. Y no tengo nada contra los putos. Pero no soy puto. Creo que nadie lo es.
Che, te estoy mirando a los ojos.
Ahora.
Ya.
Escucháme, estoy confundido: lo que me pasa, lo que cuento y como todo me afecta... no creo que sea normal. A veces no puedo dormir, en serio. Tengo pesadillas donde veo a mi novia masturbándose con una foto de un ex compañero de laburo... un rico pibe, grandote y cariñoso.
Y no puedo dormir.
Y me levanto.
Y escribo. Porque es lo único que me hace dormir. Ya hacerme la paja no me cansa ni me libera. Y no puedo tocar la guitarra porque tampoco le quiero cortar la inspiración a mi novia que, capaz, se toca entre las sábanas. Entonces escribo. Mal, pero escribo.
Entonces calculo que escribo para no matarme. Como todos.
Si, ya sé. Yo también creo que necesito un poco de ayuda. Y ya sé que esto de autoanalizarme es al pedo...que debería ver a un psicólogo. O a un amigo. Pero es que ya los probé y resulta que ambos son estafadores.
Como todos.
Así que escribo. Que se yo ya por qué. Pero seguro que es por la misma razón por la cual Frusciante coverea un tema de los Bee Gees. No sé cual es, pero seguro que no es por las minitas. Eso seguro.

"Siempre lo he dicho: mejor afuera que adentro"

jueves, 18 de octubre de 2012

El mal de la generación espontánea


El rock me aburrió. Porque no existe.
Existe el rockero. El rock hace rato que se murió.
¿Existe el "popero"?: no. Porque no es necesario... porque el pop sí existe.
Y Buenos Aires es una ciudad de mierda para enamorarse. O para coger. Sobre todo desde que se murió el rock. Calculo que mas o menos desde ayer.
Mientras un viejo progre se queja de la cadena nacional y el cepo al dólar, un pibe pasa por un bar y se pone a tocar una armónica ajena y a charlar con una mina que, según ella, lo conoce de otra vida. En el mismo barcito de mala muerte, un pibe (muy serio), discute con otro sobre la existencia de las sirenas, en serio. Hippies. Y, mientras todo eso pasa, yo me replanteo la puta vida de mierda burguesa sin graves preocupaciones que llevo. Y me pierdo, capaz, alguna historia interesante en el interín.
Y en este preciso momento me rompen una palangana que tenía en la terraza. Encima, alguien que me diga por qué mierda los rockeros siempre quieren tocar a mas volumen y ser, en lo posible, los únicos que se escuchan. ¿Existió alguna vez el rock?: claro. Hoy no es lo mismo que ayer.
El dólar sigue subiendo, ganó Chavez y los caceroludos no son boludos, son gente indignada con cosas que a mí no me indignan. Con tanto quilombo es jodido encontrarle la vuelta al amor. Hoy es eso y ayer era el campo, Boudou, mi futuro laboral o algún comic que no conseguía. Por eso, por mas que me llevó una bocha de tiempo, lo logré: me acomodé y creé todo una maquinaria casi perfecta de mediocridad, pero bien: soy amigo de la mujer de mis sueños, y me casé con la mujer de mi vida. Y ahora vos, después de tanto laburo, me venís a joder la vida. Hoy. Un día de mierda. Un día en el que nadie hubiera dicho que me podía enamorar. Y menos de vos. Un día gris de mierda. O amarillo. Con tantas canciones de mierda que quisiera cantar. Pero no me escuchaba, la viola estaba muy fuerte.
Y mientras intento sentirme coherente y orgánico, dudando de cual debería ser el próximo paso, mi mejor amigo piensa en meterse un tiro para terminar de convertirse en un mito. Tal vez en otro país mas frío otro amigo mío se tira un pedo con ruido y se siente tan mundanamente humano que quiere llorar. Otro pibe se siente solo, y sigo sin entender muy bien por qué. En todo caso lo que no entiendo es por qué la soledad lo hace sentir mal.
Mis ganas de llorar y dejar de bardear aumentan y también aumenta esa sensación tan 90's de "qué carajo hago acá", ahora, en esta "ya no tanto" ciudad de mierda... sin ganas de pelear por una historia que era la mía y que ya no y que cuando quise buscarla para acordarme como era, resulta que no existía, pero que estaba ahí, con un libro de mierda en la mano y la mismísima cara del misterio entre el culo y las tetas. Y todo porque no me escuché un carajo en el ensayo. Carajo. Seguro que si hubiera podido meter 3 notas seguidas estaría en un festival de certezas, escuchando alguna bandita de gente con poco talento, pero que son buenos tipos.
Mientras tanto, un tipo de traje decide que Canadá va a ser un país importante durante los próximos 20 años y yo tengo ganas de decirte que el rock no existe, a ver que me decís. Seguro que se daría una conversación de puta madre. Pero esas cosas no pasan. No en mi peli. En la de los demás puede ser.
Al final te bajaste del bondi. Y no te dije nada. Obvio. Si no me puedo escuchar yo, imagináte si justo vos vas a entenderme. De cualquier manera, me gustaría decirte que yo no soy un rockero y que no me quiero pegar un tiro... y que si vos me conocieras tampoco querrías que lo haga. Por mas que sea un boludo mas con ganas de tocar la guitarra. O escribir. O lo que sea.
No está todo perdido: una vieja en la parada tiene una remera de "A Perfect Circle". Todavía está todo bien. Todavía todo gira y mi ombligo sigue siendo el centro. Y en algún lado, lejos, alguien piensa en sincronicidades arbitrarias. Y me sale una sonrisa. Para adentro.
Al final el amor habla más de uno mismo que del otro. Y no debería ser así... o el equivocado soy yo. No importa, mañana es otro día.

martes, 2 de octubre de 2012

Metáfora berreta (Parte III)



Abrí el libro. Y ya no recuerdo el título ni qué había en la televisión en ese momento que me tenía tan aburrido como para agarrarlo.
La historia iba sobre el fin del mundo (si mal no recuerdo). Pero lo gracioso, lo rompedor (y lo único que tenía de interesante) era que estaba contado desde la óptica de un niño. Un niño muerto que no puede separarse de su amigo (que está vivo y tiene un perro). Entonces, la historia da vueltas sobre las relaciones de estos tres personajes. Ah, y el fin del mundo. Siempre es el fin del mundo en el libro. Literalmente.
Lo extraño es lo que encontré escondido entre las páginas 156 y 157: una figurita. Una figurita vieja. De la colección de los Monsters. Recuerdo que había llenado ese ábum. En toda mi vida sólo llené dos: el de Italia 90 (cuando en realidad era mi viejo el que los llenaba) y el de los "Monsters in my pocket". No me acordaba de tener todavía alguna de las repetidas. Y menos de haberla guardado en el libro ese.
Emocionado (tonto e inocente), me senté en el suelo frente a la biblioteca. Busqué alguna referencia mística entre las páginas (obviamente debería haber alguna razón oculta para encontrar esa figurita, en ese libro en particular). Pero luego de darle vueltas y vueltas, la verdad es que no encontré nada. Nada que me indicara un lugar común multireferencial. Ningún mensaje oculto. Nada. Al final, estaba solo. Solo yo, una figurita y un libro pretencioso lleno de humor negro. Sin epifanía. Sin narrador onmisciente. Solo yo. En mi departamento. Sin ningún tipo de necesidad ni aliento. Solo y aburrido. Solo.
Prendí la tele: nada. Ningún mensaje.
Radio: nada.
Increíble que ninguna canción dijera nada.
Solo.
Ví el teléfono desde el suelo. Lo agarré y busqué los números a los que siempre llamo y nunca contestan. Y volví a llamar. Y volví a putearme por pensar que hoy podía llegar a saludar alguien del otro lado.
Aburrido. Pero no triste. No.
Volví a abrir el libro. Empecé a leer el capítulo donde el pibe muerto habla con Syd Barrett en un bar del purgatorio (ah, el pibe podía ir y venir de ahí al fin del mundo cuando quisiera... lo que pasa es que no quería irse al mundo de las historias muertas... porque de ahí no se podía volver y no quería dejar solo a su amigo). Buen capítulo. Una de las cosas que pasaba es que Syd le decía al pibe que él no era un ser humano. Que siempre había sido el Rey Lagarto. Aún hoy me sigue haciendo gracia.
Está relatada como una charla de amigos, pero está claro que no lo son... que la persona con la que debería estar hablando está del otro lado, lejos. Pero el pibe muerto necesita una respuesta y la busca en referencias, en ídolos. No se puede comunicar con su amigo. Pero tampoco lo puede dejar solo. Aunque no pueda hacerlo sentir acompañado. Complicado. Cuando lo leí por primera vez no le había dado tanta trascendencia.
Hubo un tiempo en que los amigos eran amigos. Y punto. No había discusión: en algún un momento de mi vida los pilares parecían definidos, reales... incuestionables. Hoy, de repente, me encuentro con gente que aprecio pero que me odia o amigos que lo son de alguien que no conocen. Amigos que no piden nada a cambio... y esos no son amigos: si no hay egoísmo no hay amistad, ¿no?. Capaz que lo que pasó es que todos se murieron y lo que crece es otra cosa... con otras formas... adaptables a otros ambientes. No sé.
A veces cuando voy o vuelvo de algún lado en bondi pienso en lo que dejé en la parada y mas allá. Y a quién. Pero no puedo pensar en lo que me dejó a mí el viaje. Lo pilares cambian o se caen.
Me levanté y busqué un libro de la biblioteca (¿al azar?). Metí la figurita entre medio de dos páginas y lo volví a guardar. Hoy sé el título del libro donde la guardé. Pero estoy seguro que cuando la necesite ya no me voy a acordar. Como siempre. Por mas que no me dé cuenta.
Calculo que todo cambia. Y eso no puede ser triste, ¿no?. Es. Nada más. Y va a seguir siéndolo. Con o sin epifanía. Con o sin fin del mundo.

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Special K



Esa luna no se quiere ir. Son las 10 de la mañana y continúa apareciendo por atrás de los árboles de tanto en tanto.
Olor a incertidumbre controlada, dulce.
Un murmullo me avisa que el agua de río en invierno es bastante fría. Cierro la ventana y mi cabeza se inclina sobre el horizonte.
Hace mucho tiempo que no veía la claridad del día y la luna... extraño la sensación de patear las piedras a la madrugada, volviendo de alguna noche vendida como mágica. Extraño eso y otras cosas.
Hay que crecer, hay que cambiar. Y añorar no está mal. No sé... ¿mi viejo pensará en eso también?, ¿extrañará algo?, (¿la sabiduría es la asimilación de todo lo recorrido?). Hoy lo llamé, pero no se dió el momento de preguntarle. Casi nunca se da.
Y la luna sigue ahí.
De repente, siento el brazo de ella sobre mi panza... esa demostración de virilidad perdida que aumenta su tamaño exponencialmente día a día. Me abraza. A mí y a mi panza. Está bueno el aire frío en la cara.
A veces siento que el desapego es algo cobarde. A veces no. Pero es extraña la imposibilidad de manejar un discurso coherente. ¿por qué no puedo encontrar este momento todos lo días?. No hay nada extraño (ajeno), que pueda controlar (evitar), la sensación y la mirada cómplice necesaria para entender que el calor y la seguridad son viables. Que el amor capaz existe.
Sigo mirando la luna, y no noto que esté menos definida. El sol empieza a quemar y ya perdí la noción del tiempo. Ansío llegar: sé que es un lugar mas pero también una posibilidad menos. "Cada viaje debería ser el último": suena lindo.
¿Qué hay detrás?
Retirarse unos días del yo es un escape... pero también una búsqueda. Escapar de la responsabilidad. Es demasiado inocente necesitar (y crear) la imposibilidad física de responder a un problema para poder dejar de lado la presión de una solución.
Inocente.
Tal vez sea el miedo que tengo a tomar decisiones. Tan acostumbrado al desgano y la frustración... no porque las cosas no sucedan como las planeo sino que lo que sucede no termina siendo trascendental, definitorio (como preveo). Tal vez perdí algo en el camino, y no sé muy bien qué.
Sigo pensando en mi viejo. Hace poco decidió dejarse la barba. Y a mi vieja no le gusta, por eso nunca se la había dejado. Hoy lo llamo.
Está dormida. Levanto su brazo y le apoyo la cabeza en mi asiento mientras me paro. Necesito caminar. Tengo que dejar de ver por la ventana porque ya me están jodiendo los ojos de tanto mirar fijo el sol. Ese efecto raro donde todo parece una superposición de un círculo oscuro sobre una imagen donde todo brilla.
Todo brilla. Y puedo ver, con algo de esfuerzo, a los demás pasajeros. Los veo pararse, comprar... mirarse mal y mear los sillones marcando el territorio. Tienen frío, sueño y también están fastidiosas. Muchas personas... que no me necesitan. Y sin embargo son LA historia. Entre todos ellos... ¿habrá alguien que se desempeñe mejor como hijo, como novio... que sea un mejor amigo?... tal vez el cuento se trate de él: ese tipo que cruza la puerta con una sonrisa y hace mejor a los que están adentro. No sé.
Sin comprar nada, vuelvo a mi lugar. Vuelvo la mirada a la ventana y no puedo encontrar la luna. La perdí.
La puta que lo parió. Yo quería verla desaparecer... la puta que lo parió.
Me aburro. Voy a esperar un rato más que pasen estos árboles altos. Seguro que todavía está, atrás de ellos.
Un mensaje de mi viejo: "¿Todo bien?" ("Si, todo bien"... pero no le contesto).
Cruzo el brazo por detrás de la cabeza de ella mientras elevo la mirada al techo y cierro los ojos.
Ya llegamos. Ya casi llegamos.

miércoles, 15 de agosto de 2012

Un tigre


Nadando desnudo. Solo.
Me sumerjo, soltando una sombra como único testigo de algo que fuí y dejo por un momento el mundo suicida que está en la superficie (que me esperará a la vuelta como siempre).
Debajo, profundo, el sonido de la soledad parece ajeno. Y una voz comienza a hablar de dolor... suave y familiar. O simplemente es el trueno que indica el principio de la tormenta.
(A veces las (re)acciones acaban definiendo el plan mas que cualquier decisión)
Todo es un ritual, aunque a veces no lo parezca: puedo decidir mirarte a los ojos o puedo emerger, sólo para continuar flotando. Puedo bajar por el agujero del conejo y fluir en la única certeza de la vida.
El reflejo de mis reflejos, uno tras otro... tras otro. Pueden sentirse deformados desde hoy.
Hay pocos milagros y sólo algunos se transformaron en sensaciones verdaderas... sólo cuando fueron pérdida. Todo se vuelve más real cuando aparece el fantasma de la nostalgia.
Por dentro sólo puedo sentir lo que cambié (y por qué). Floto, por debajo... esquivando los rostros de la soberbia.
(¿Hola?)
Me cuesta darte algo mas que promesas inocentes sobre la inocencia. Y a veces duele sentirse bien con muy poco. Puede que sea miseria o inocencia... al menos me sale mejor que tener razón.
Son las gotas y su enfrentamiento con la superficie lo que deforma continuamente mi mirada... siento los instantes morir y el tiempo que decidí gastar en ser lo que nuevamente termino soltando.
Atado a verdades inamovibles, quiero escapar y dar vueltas, para contarte... para decirte que hay alguien allá, bien lejos, que no se esconde y que también quiere escapar. Y que no importa si vos no estás acá abajo conmigo... finalmente, sos sólo otro reflejo (no importa si creés ser mejor que yo: te mires desde donde te mires, sos sólo una distorsión de lo que esperás (o esperabas)).
(De vuelta al amor, por favor)
También puede que sea no hacer ni decir nada. Cambiar las palabras para no tener que correr con ninguna responsabilidad. Y me quedo conmigo un rato mas.
Me escondo en la épica miseria de los espejos, la metahistoria definitiva encerrada en la realidad menos maleable y mas rebelde. No espero más. La culpa no está afuera... no está en los análisis... está bien adentro. Las burbujas siempre ascienden.
Me gustaría borrar la culpa y dejar el fondo un poco menos abstracto. Perdón a todos, porque nada de esto fué mi culpa. Perdón.
Con ojos cansados, decido vivir finalmente mis últimos días de niño.
Nunca estuve sólo. Chau.

lunes, 21 de mayo de 2012

Cerrado por vacaciones




Hoy es rock. Y capaz mañana también.
Es como querer destripar un concepto... y tal vez de paso, entenderlo.
No sé. Hoy es rock... y da la casualidad que él es (aparentemente) un conjunto de covers de LA vida. Mía y de nadie mas. Quizás esa necesidad de asociación arbitraria, egocéntrica sobre cada cosa que se me cruza por adelante sea lo que me vuelve merecedor del (¿nefasto?... ¿cool?) título de "snob".
El rock siempre es más para adentro que para afuera... me pide a gritos que lo discrimine, que me adueñe de él. Mi banda es mía: a los Beatles sólo yo los entiendo.
Y está bueno fagocitar así la cultura... total, hacer lo contrario tampoco significa ser profundo.
Todo esto me hace acordar a la vez que mi novia se fué a Uruguay con una amiga, y me metió los mega cuernos con un tomador de mate, buen tipo, que escuchaba rock uruguayo de verdad... no "El Cuarteto de Nos" (sí, decíme... yo tampoco sé una mierda de rock uruguayo... ni de Uruguay en general). Y sí... que se yo... no importa como me enteré: lo importante es que me enteré. Y hoy estoy casado con ella. Vivo bien, lo más enamorado que se puede vivir con 26 años en Buenos Aires, pretendiendo ser (parecer) progre y centrado. Me sorprende día a día (hasta a veces con las mismas cosas... una y otra vez). Dicen (Barsky) que un golazo es cuando al jugador le sale lo que quiere hacer... bueno, no hay mina que se esfuerce más: puede que a veces no le salga, pero cuando le sale... es un golazo. Ojalá yo tuviera sus huevos. Y sí... me metió los cuernos... con un uruguayo. Sí, puede que sea EL boludo. Y estoy seguro que si el yorugua me conociera y supiera como fueron las cosas, seguro me pediría perdón. Porque sí. Porque me gusta pensar así. Y si decís que soy la mitad del hombre que era... está bien. Porque eso está en una canción. Y también puede ser un código interno con cualquiera que entienda. Que no. Que es otra canción de rock. Y que eso es mucho más de lo que puedo llegar a aspirar de mi vida. Chupáme la pija.
Es como caminar por los mismos lugares una y otra vez, pretendiendo cambiar el mundo por el sólo efecto secundario de la repetición... enfocar el momento una y otra vez hasta que tenga sentido. Me hace acordar a todo: al rock, a mí, a mi novia (señora) y al uruguayo.
Y tampoco entiendo como puedo estar a punto de ir a Colonia este fin de semana a dar un par de vueltas con mi SEÑORA, a caminar por la playa tranquilo, pensando en que no está tan mal ponerse viejo... o uruguayo. No me entiendo... no entiendo la sensación... donde sucedió el quiebre para que ser un perdedor suene menos decepcionante año tras año.
Hoy es rock... hoy prima la sensación de darme cuenta por algún amigo centrado y maduro que estar enamorado de una piba al final es verso... que todo es parte de la cultura, las construcciones sociales y los genes... que eso es de las mariposas en la panza (o el más sofisticado "She´s the one") es de "pibe". Y entonces claro, salta la ficha: que sí... que soy inmaduro. Y que sí, no estoy enamorado de la piba: estoy, simplemente, enamorado del amor. Y es peor. Peor que que me guste el rock. Peor que todavía crea en él.

lunes, 7 de mayo de 2012

Hallelujah




Es sobre intentar salvar el mundo. O desear verlo arder. O simplemente intentar entenderlo.

Quiere ser orgánico y a veces no puede. Vos (yo) tampoco.

"A veces hay que sacrificar realidad... y no sé en que se puede convertir el discurso": pero está bien, es su traje... no le pidas mas, no le pidas mas. En serio. Ya tiene suficiente: ¿por qué lo querés matar?, en serio. Es su traje, es su capa, es su tributo a vos: su ritual, su monumento. Si no querés pelear por nada, está bien... pero no lo mates, respetále los huevos de ponerse ese disfraz. Capaz es mas extravagante que el tuyo, pero vos también tenés uno, a mí no me engañás.

¿No querés salir a caminar un rato?... es raro como la comunicación se intenta convertir en otra cosa.
Entiendo que no te guste... que querés algo cercano, palpable... algo reconocible y no esa sombra que proyecta en todos: ¿no será el problema, realmente, el sentirte uno mas?.
Reconocés en el fantasma una impresión de lo que es... casi pensando que no es bronca contra lo que no... sin pensar que puede ser ambas... sin saber que en realidad no es tu decisión.

Hay alguien que pinta un cuadro y sin él, todo es real... ¿podrías soportarlo, "tanta realidad"?... no sé, ya no sé. A veces extraño al héroe. Y el protagonista nunca lo es en su propia historia.

Les hablo a vos y a vos... porque no están parados en las mismas tablas (ambas se mueven, y a punto de romperse), pero son distintas. Hasta pueden ver los mismos rayos caer... destrozando lo mismo: algunos ven belleza en las ruinas, otros desespero. Todos creen ver sólo ruinas.
Y no está mal. Creo.

Me defino un poco (bastante, diría) con lo que no soy.

¿Y qué puedo hacer si las imágenes se fueron?, ¿espero, me sostengo como vos... o me dejo llevar?. Si las épicas que nos prometieron no están ni en los libros, ¿qué me queda?, ¿qué nos queda?... ¿es todo tan simple?: ¿ego?, "¿me tiro por vos?".
Nos debemos esa cerveza que no es cerveza... que casi es todo lo que quedó en el medio. Casi. Y posta, pido perdón... no quiero sonar enigmático. Y es que tampoco me sale de otra manera, pero necesitaba decirlo.

"Siempre es sobre afuera... porque no es mas que una parte del adentro": es la lucha, y el mundo hecho de "qué"... es ése dios intentando crear algo de la nada (responder la pregunta), aunque en el fondo sepa que lo máximo que puede obtener es otra pregunta. Es la historia: el drama y el conflicto. Es la diferencia entre ser y lo otro, entre el dueño y el inquilino: "la lucha sólo desarma cuando se abandona".

Y es como si no fuera importante si el mundo es éste cuarto, una ciudad fantasma o el multiverso. Capaz siempre es todo eso. Y puede que haya quien no lo entienda. Y está bien... lo único que pido es que evites pegarle cuando lo veas con el traje puesto. Nada más. A los dos. No se maten.

Sé que son mas... pero en el fondo, siempre son dos.
Héroe y villano. Y la batalla muta. Siempre.

jueves, 26 de abril de 2012

Escondido


Eran dos hijos del mismo mundo... bajo el mismo techo. Nadie los entendía... y yo tampoco. Pero estaba aburrido. Caminando. A la parada del bondi.
Y todo lo épico está escondido en lo mundano... como un tema de Charly (o de Panza). Y lo mundano no existe. Preguntále a los Redondos (o a la Bersuit).
Hay escenarios más grandes que otros (no así los actores): eso no lo discute nadie. Y el ritmo en una historia, tal vez, es lo más importante.. el comienzo marca, quizás, el tempo. El tempo, en este caso, era "alto".
Él avanzaba entre la gente (con frío), aunque nadie lo notara. Ella se notaba (mucho), aún parada en su lugar, sin moverse, evitando. Y la lluvia era el abrigo. Combinación perfecta si la hay.
(Casi) no se miraron... sólo se limitaron a correr... uno detrás del otro. Porque veían en el defecto las mismas virtudes... porque estaban presos y lo sabían. Porque creían pertenecer al mismo lugar (y era verdad, la mentira se escondía en el tamaño).
Y eran románticos (o inmaduros).
Las sonrisas de papel que se cortaban con el menor viento, no eran tan lindas ni tan bizarras. Pero eran lo que buscaban. Se dijeron cosas sin sentido... en algún idioma que se habla muy alto y no se entiende.
No se conocían, y sería mentira decir que sintieron al momento la conexión. No. Y ese misterio (que no es misterio, sino máscaras) tal vez es el sentido de la vida.
Consiguieron alcohol. Y el cielo se partió al medio. Y huyeron de todo un rato.Y nunca quisieron salir. Era el baño del Coliseo. Y afuera llovía. Y gruñía.
Lo dos podían perder (y ésto puede ser otra caminata de parada en parada o una canción de Fito aggiornada) pero en algún momento entre el trueno y la pared... dejó de importar.
Capaz me volví desconfiado.
Esperaban a alguien (casi con necesidad), cuando uno de los dos (no puedo decir quien... o no importa) recordó a aquel que se había ido. Y eso volcó todo. A la mierda.
Finalmente, aquel que ya no estaba... era el mismo para los dos.
La foto en la mochila decía lo mismo de ella que ésta cosa dice de mí: que me creo mucho más importante de lo que el mundo cree que soy. El mundo es muy grande pero, tal vez, nadie tenga razón y la respuesta sean momentos.
En el fondo, sabían que no eran presos. Eran esclavos. Y autopistas. Gracias a dios por las paredes. Gracias a dios por las historias.
No sé que pasó después. Siempre fué un juego y ese día no fué la excepción. Hoy tampoco lo es.
Y si... eran una caminata aburrida a la parada del bondi.
Es triste pensar que todo es un "coso" mas...


jueves, 23 de febrero de 2012

Todo preso es político


Huracanes y mariposas. Sólo hay huracanes y mariposas a mi alrededor.
Cuando la bomba explota, mata. Pero inmediatamente después, todo queda como debería haber sido desde siempre. Siempre.
Es extraño observar como sistemáticamente planto hechos, discrimino situaciones, creo orden dentro del caos, aún entendiendo conscientemente la realidad como una series de ruedas que giran unas dentro de otras, dentro de otras... todas dentro de sí mismas. Vos dentro de mí, yo dentro de vos.
Estoy intentando describir la naturaleza de todo. O el objetivo final de lo real, o sólo mi lugar especial... que es una idea. La idea del lugar a donde pretendo llegar. Al que no voy a llegar. Pero si no tengo adónde ir, no me puedo mover.
El progreso nos (me) dió la chance de estar pensando que el progreso es una mierda... ¿es hipócrita entonces decir que aborrezco las consecuencias de él?, ¿no es propio de la evolución cuestionar (todo)?
Las bombas pretenciosas no entienden el concepto de entropía y cómo el estado natural de las cosas es ahora. Y lo anterior. Y lo que falta. Porque todo muere.
Estancado.
Hoy alguien murió. Mi más sentido pésame. Hoy lloro por la muerte del jerarca... el tirano (necesario). Hoy muero nuevamente. Hoy es el fin del mundo.
Hoy es el fin del mundo, y no estoy obsesionado. No. Solamente me obsesioné (ya hace años) con la paradoja de que a alguien le importe el fin del mundo: la muerte de algo que no importa en vida.
Estoy esperando en un lugar (secreto) para pedir perdón. Aún no sé a quién ni por qué, pero me parece más ilógico pensar que no es necesario.
Hubiera preferido las cosas distintas. Haber obrado distinto. Haber.
Y en ese rincón... agazapado, espera el momento indicado. El ahora se va continuamente y sólo queda el proyecto, la aspiración. Nunca voy a saber si me equivoqué. Siempre voy a pensar que estás equivocado.
El rincón son los detalles. O el ahora. Y no es lo mismo ser profundo que haberse venido abajo.
Que no parezca que entiendo (algo).
Soy el progreso... el huracán. Soy la víctima. Y la mariposa. Soy el tirano discriminador, el determinador, el destructor. Soy el huracán. Soy el significado, y me siento doblegado, sin control, sin sentido. Soy la mariposa.
Sólo soy libre dentro mío.
Un huracán y una mariposa. Sólo soy un huracán y una mariposa. Y vivo dentro. Y vivo fuera.

viernes, 27 de enero de 2012

SUBE



Era ausencia de culpabilidad... y eso no es inocencia.
Hubo un momento en que sentía que nada era mágico (no sabía que las cosas eran, menos que eran mágicas...)... porque nada era algo importante en realidad. Todo estaba, y no había ninguna necesidad de que desapareciera (todo era necesidad). Había cosas por todos lados. Laberintos.
El grito tenía réplica... mis problemas (ni eran problemas) no eran míos... siempre había alguna soga, un calor intenso. Todo era.
No me equivocaba, no acertaba... no había análisis.  Podía ser un asesino... y seguir puro. Puro.
Me vistieron. Me dijeron. Me retaron. Me imaginé. Era de colores. Pero era la ropa nada más. Colores.
Había algo (todo) que no entendía.
Una vez me picó una avispa. Una vez mi papá me miró y lloró. Una vez mi abuelo me abrazó.
Soñaba (no soñaba (imaginaba)) con que esa nena era la Mujer Maravilla (pero chica (y si, en esa época ya sabía quien era la Mujer Maravilla)) y la salvaba del tobogán. Creo que era así.
No sabía bailar.
Nadie quería ponerse adelante mío en el juego de la botella (o eso pensaba (pienso) yo). Capaz no era tan así. La masturbación tenía cara, y no era masturbación. Dicen que era amor, pero no. Estoy seguro.
La gente me hablaba, todos adivinaban el futuro... menos yo. Eso me dejaba tranquilo.
Buscaba descifrar algo.
En algún momento, la lucha se convirtió en abstracto, no sabía muy bien que había para ganar, pero no había nada que perder.
Y las verdades (que hoy son hechos), no podían despertar... había cosas que no eran. Yo a veces era, y otras había sido... otras no quería ser.
Un día mi abuelo me cagó a pedos (siempre). Me hizo mal.
La masturbación dejó de tener cara... y era, finalmente, masturbación.
Me odiaban. O se odiaban ellos. No sé. Yo me odiaba. Y no podía desaparecer. Odié. O pensé que eso era odiar (también odiar la sangre (y juzgar)).
Sé que hice algo mal. Todavía no sé que fué. Algún día...
Lastimé. Mucho. Quemé mi pequeño mundo. Todo por no irme sólo.
Quise odiar (odio es una palabra muy fuerte (grande (mentira))).
Y me enteré del amor que no era amor, pero que era muy parecido (dicen).
Y al final no sé si era miedo o amor. Pero hay cosas más graves.
Y pensaba que el futuro se podía predecir, y las cosas desaparecían, pero no las importantes.
Sé que no puedo descifrar nada.
El enemigo no tenía cara... pensar que hoy sólo es otro espejo.
Entré en el juego. Completo. Con disfraz y todo.
Me confundí. Pensé que sabía todo.
Me confundí... pensé que no sabía nada. Vos tampoco.
Las promesas engañan porque no entienden el mundo. Nunca lo van a entender.
Y decidí que iba a estar seguro al decidir.
Juicio del juicio del juicio.
Lastimé. Mucho. Todo para no estar solo.
Un día mi abuelo me cagó a pedos (nunca).
Una noche ví a mi abuelo adentro de un cajón con la tapa abierta. Había luces y estatuas, y cosas... que no tenían sentido. Entre todo eso estaba yo también. Lloré y me sentí un boludo y un asesino... todo al mismo tiempo.
Y las cosas importantes sí desaparecieron. Y capaz que por eso dolió (duele)... porque, finalmente, no sabía (sé) decidir qué cosas sí son importantes...
Pedí perdón por vez primera. Porque a veces sí tiene sentido. A veces.
Me pinté de blanco y negro (grises) para ver si pasaba algo.
Las mujeres no se ponían adelante, aún con alguna botella entre medio. Y no sé si es amor.
No aprendí a bailar.
Una espiral. Descendente.
Culpable. Eso soy.
Hay algo (todo) que no entiendo.
Culpable.

martes, 24 de enero de 2012

Dolphium



Tengo que decir gracias.
Gracias por dejarme escribir esto, que es sólo para vos.
Gracias por intentar ser tan coherente, tan por encima de las cosas... tan racional. Estuvo bueno como llevaste la excusa a otro nivel. No te importó lo que los demás pensaban de vos. Porque vos sabías cosas que ellos no. Y hoy estás solo. O no solo... pero mucho menos acompañado que antes.
Gracias por dejarme decírtelo.
Hay cosas que me cuestan, pero ya no quedan paredes para tirar... así que poco me importa la respuesta del otro lado... gracias por dejarme que no me importes un carajo.
Ah, me olvidaba... me produce vómitos tu necesidad de intentar entender todo. En serio. Pensás en serio que estás preparado para arreglar todo, y lo único que hacés es esconderte.
Cagón. Acepta que no sabés un carajo. Pero en serio... tené miedo. Tené miedo en serio... cagáte encima. Todo puede desaparecer.
¿Sentís el ritmo?... como todo es lo mismo. Bueno, sos lo mismo. Sos lo mismo. Que. Cualquier. Otro.
Especial las pelotas. Hoy podés desaparecer.
La verdad que no estoy de humor... pero te voy a contar un cuento, porque me pudrió tu cara de culo.
"Resulta que un día llegué de trabajar y ví un perro... un perro callejero (o eso parecía), acostado en la puerta de la carnicería (al lado de mi casa). Estaba esperando a que saliera el carnicero y le tirara unos huesos. Yo lo ví por primera vez ahí, recostado en la vereda, pero al parecer, el animal vivía y andaba por ahí desde hace muchos años. Después de esa vez, lo empecé a ver siempre, por todos lados... y raramente, todos los vecinos (había descubierto), lo conocían y daban de comer también... lo acariciaban, y le tiraban de vez en cuando algo. Le empecé yo también a tomar cariño (aparentemente, como pasa con los perros y las personas... sin razón aparente). Yo también comencé a tirarle unas "piedritas", y a acariciarlo. Volvía de trabajar, y me quedaba un rato en la puerta, jugando con él. Cuando me veía, movía la cola (como le hacía a toda la gente que le daba de comer... pero me sentía igualmente bien cuando pasaba). Estaba bueno, porque era un rutina que me hacía bien. En serio.
Y un día salí a la noche, y no estaba. Calculé que bueno... no sé. Algo. Y al otro día tampoco estuvo. Y al otro. Y me empecé a preocupar... no sé. Resulta que nunca más lo ví. Nadie supo que le pasó. El carnicero, en vez de tirarle los huesos al perro, hoy los muele y los mezcla con la carne picada... y todos los vecinos encontraron otra excusa para salir a la calle a charlar... de cosas. Y yo encontré otra rutina: Contar historias tristes sobre cosas que no pasaron, pero que me haría bien si hubieran sido reales."
¿Te gustó? Ahora paráte y dejáte de quejar. Ya está. Lo que pasó... pasó. Intentá (intentá) no cagarla más y listo. Aprendé.
Es un baile... y la canción cambia todo el tiempo...casi siempre, sin que te des cuenta. Hoy te enteraste que cambió... nada más. Aprendé.
De nada.

Doko



El universo no emitió señal alguna.
Y hace frío.
Ningún gatito de la suerte cayó al suelo, quebrándose en mil pedazos.
Ningún pájaro se posó sobre algún libro con un título esperanzador.
Pero hace frío.
No llovió. Ningún viento nos sorprendió en medio del show.
El tío con Alzheimer no dijo ninguna frase inspiradora.
Y aún así, hace frío.
La culpa se hizo presente, y corrió por todo el lugar. Aunque siempre se sentó a mi lado para descansar.
Y el actor no terminó arruinando su mejor papel. No señor.
Las pinturas, estáticas, demostraron tener más vida de lo que cualquiera podría haber pensado.
Se sintió el ritmo.
Y hace más frío.
Y quiero gritar, y desgarrarme la laringe.
Y quiero dejar de ser tan así, y destrozarme el pecho con una maza.
Y quiero saber quién soy, y arrancarme la cara, pedazo a pedazo.
Y quiero dejar de correr, y cortarme los tendones con un gancho.
Y quiero dejar de querer, o hacer algo por los que creo querer... o quiero, simplemente, irme de acá. Ya.
Nunca hizo tanto frío.

jueves, 19 de enero de 2012

Lento



Un escalofrío. Un momento (eterno) de drama. Lo entiendo.
Me muevo como un fantasma por el corredor... esquivando las luces que se escurren por las paredes.
Me veo a mí mismo esquivar las sombras. Siento la ampolla explotar bajo mi pie.
No puedo evitar mirar las formas delante mío... sacando conclusiones, intentando adelantarse a lo que puedo hacer. No puedo evitar mirarlas, por más que me asquee sólo pensar en ellas.
Me veo sufrir, me veo doler.
Escalofríos. Hay algo que no estoy pudiendo entender. No quiero saber qué es el líquido caliente que cae por mi cuello.
El sonido de pasos que avanzan. La frecuencia aumenta. El hedor de la transpiración.
No estoy loco. Corro aún más rápido. Escalofríos.
Recuerdo la playa, la noche cerrada... el mar rozar la arena, aliviando las quemaduras. El sonido de lo que no puedo procesar. Había algo que no entendía.
Me paro un momento sólo para respirar. Hay algo en el suelo. Tiene una consistencia extraña... como un gel. Esta frío. No tengo tiempo para pensar, prefiero hacer la prueba... me quito las zapatillas, pruebo el alivio de la viscosidad contra la planta del pie dolorida. Avanzo y veo como las luces danzan a un paso uniforme detrás mío.
Puedo verme cada vez más desesperado... corriendo, intentando escapar. Me grito, pero no me escucho.
Estoy cansado. No sé que hacer.
Estoy cansado. Debería terminar con esto ya.
No puedo recordar como llegué acá.
Recuerdo la luna nacer detrás las olas.
Cansado. Patino y caigo al suelo. Toco las paredes: transpiran... las paredes están transpirando. Hace mucho calor. Lo brazos no me responden bien. Intento pararme. No puedo. Sigo sin poder entender por qué me está pasando esto. Me duele.
Sé que tengo miedo. Puedo ver las lágrimas caer al suelo, una a una. Me acerco lentamente. No quiero que sea aún más traumático.
Es el final.  No puedo dejar de temblar. Puedo sentir la mano que apoya en mi cabeza... la mueve de lado a lado. No me animo a subir la vista. Necesito que termine. Estoy vacío. Vacío.
Lamento todo esto. Levanto mi rostro para mirarme a los ojos.
Un escalofrío. Un momento (eterno) de drama. Lo entiendo.

martes, 17 de enero de 2012

Sangra


Me sentía libre.
Era un lugar oscuro.
Bajaste del cielo, pero no de ese de los que hablan las leyendas... no: tu cielo era ese que sólo aparece una vez cada fin del mundo... y del que ya nadie escribe.
Evitaba pensar.
Una luz tenue caía sobre tu rostro, dejando a la vista sólo algo por lo que lloraría.
Me mirabas y no entendías... dudabas. Querías escapar, aunque vos tampoco sabías lidiar con el silencio.
Sentiste el temblor.
Parecía ser que te invoqué, aunque es probable que no existiéramos ninguno de los dos.
Extrañaba la búsqueda.Yo tampoco lo entendía.
Cristalizada y débil, te aferrabas a tus batallas ganadas... a tu coherencia. Eras un coro de niños mutantes eunucos del espacio exterior. Y aún hoy, cuando lo recuerdo... y me hacés gritar, y querer algo.
Extrañabas jugar el juego que no es juego... recordabas cómo se bailaba. Se notó. Todo el puto mundo lo notó.
Señalaste la puerta detrás de la cual te encontrabas, escondida... rodeada de tu mejor consecuencia. Y de repente, el recuerdo mató al mito: me convertiste en tu musa por un segundo (aunque no lo sabías).
Lamenté que la pesadilla algún día fuera a dejar de esperar.
(Siempre vuelvo de estar por llegar, perdido entre lo que necesito y la mordaza de la realidad)
Calma. Cerca. Las hojas en la superficie redujeron los pliegues de la razón. Y me dí cuenta que ya no puedo escapar.
Me obligaste a despedirme dentro de tu mejor vestido... abrazándote.
Sin miedos... sin dudas, morimos bailando sobre las ruinas del mundo... mintiendo sobre el futuro, rogando porque no hubiera pasado... viviendo y sufriendo la violencia del ritmo, una guerra de expansión.
Me perdí en la continuidad. Y me rendí hace tiempo.
Hoy es más húmedo, pero la luna sigue ahí: inmóvil, apagada y real. Riéndose.
Preso en el mejor lugar.

XVII (Mar Del Zvr)

Es real. No es tan pacífico ni tan colorido como lo había imaginado, pero es real. Llegó. Llegamos. Soy real. Siempre fui real.