jueves, 27 de enero de 2022

XII (Mar Del Zvr)


Ya decidieron. Están actuando una discusión, construyendo un consenso innecesario. Es muy simple, lo entiende: no pueden confiar en él. Están contando anécdotas posibles, cómo habló con “los otros”. Cómo boicoteó varias expediciones, varias cacerías. Cómo cuestiona. Ariel está perdido. Y él parece ser el único responsable.
Cuentan historias donde Beta no puede reconocerse. Él no puede haberle hecho daño. Él no es eso. Beta no es eso.
“¿Por qué mentirían?” (¿Están mintiendo?)
Las explosiones continúan.
Comienza a cuestionarse los recuerdos. Sabe que hay algo escondido detrás de sus sueños, de sus visiones. Pero también sabe quién es él (¿se puede saber?).
Y lo van a sacrificar por eso.
Lo van a sacrificar como sacrifican todo.
No, no sacrifican todo. Sacrifican lo que no encaja. No, no lo sacrifican… lo asimilan. Lo sintetizan. Siempre tienen un argumento.
Él está incómodo, girando alrededor de un fuego. Las explosiones continúan.
“¿Y si tuvieran razón y hay que sacrificar a alguien para que el pueblo no desaparezca?”
¿Y si ellos sacrificaron a Ariel?
No puede ser, es una conspiración.
Volvieron juntos.
“¿Dónde está?”
Lo están vigilando. Se mueven alrededor de él, distraídos, pero sabe que no lo van a dejar moverse de ese sector.
No es una conspiración, es un ejercicio.
Escucha la voz. Siempre la escuchó. Le dice que escape ahora.
Lo están vigilando.
“Nada de esto es real”.
El grupo se desarma. Beta se prepara. Los que lo estaban controlando se distraen cuando Hom les hace señas. Les está pidiendo que me lleven. No, que lo lleven. A Beta. Con ellos.
“Ahora”.
Corre.
Escucha la voz.
“¿Estás a salvo?”

martes, 25 de enero de 2022

XI (Mar Del Zvr)


-¿Podés escuchar eso?
Beta no puede dejar de observar la entrada a la cueva. Ariel lo saca del trance con la pregunta, pero decide no contestar. Está todo en silencio, sólo está siendo irónica.
No sabe si tendría que seguir esperando. Duda. Parecía una mejor idea cuando salieron del campamento. La necesidad no disminuyó, pero no sabe qué hacer. Necesita hablar con Ø. Ariel le había explicado que él no salía de su cueva y que estaba prohibido entrar… Así que no tenía sentido ir hasta ese lugar sólo para esperar a verlo. Aún así, sabiendo y pensando eso… Ariel lo acompañó.
-No fue siempre así. Una vez fue una cabaña en llamas. -prosiguió- Tampoco tenés que tener miedo, hace mucho que la montaña no reclama a nadie.
Beta aprendió a dejarlo hablar. A veces sus monólogos no tenían sentido. A veces, el sentido se perdía conforme desarrollaba la idea. A veces no había idea. Pero Beta siempre encontraba ese espacio entre sus palabras que lo hacía pensar fuera de tiempo. Es lo que le gustaba de estar con él. Beta siempre lo escuchaba, pero en este momento estaba intentando ocultar su ansiedad.
Quisiera poder ser sincero con Ariel, sobre las razones que lo llevaron hasta ese lugar.
-Sé que él me va a escuchar. Me puede ayudar. Ayudarnos...
Beta duda. Hace una pausa. No sabe si continuar, cómo explicar lo que le pasa. “Debería haber más que esto. Siento que estoy sosteniendo algo invisible, que no es mío. Y si lo suelto no soy nada.”, piensa. Pero no lo dice. Continúa con su discurso hacia sí mismo, lastimando en el camino su propia pulsión. “Creo que él me liberó... pero me siento solo.”, es lo que necesita decir… pero no puede.
-Creo que hay cosas que están mal. No podemos seguir en este lugar, acá. Yo no puedo seguir en este lugar. Estamos seguros, pero siempre tenemos… menos. Y lo que hay alrededor… siento que deberíamos… no lo sé. Quiero que podamos discutir. Por eso no me defendí, no quiero que...
Es mentira. No devolvió el golpe porque… dudó. No puede dejar de temer. No, no lo puede explicar. Pero no puede mostrar debilidad. No ante él. “No ante nadie”, se retracta o complementa.
-Nadie te cree. 
Ariel rompe su monólogo (¿interno?), justo a tiempo.
-Tengo que hablar con Ø.
Tiene que hablar de cosas que vió, que ve. Hay una razón para que no pueda encontrar paz. La playa lo persigue en sueños. Pero no quiere hablar de eso, no.
-Al final todos hablamos con él.
Ariel le dice esto mientras se acerca un poco más a la entrada de la cueva. Intenta ver lo que hay sobre una de las paredes. Algo le llama la atención, pero escucha un ruido e instintivamente se aleja, y vuelve unos metros hacia atrás, donde está Beta. Ambos huyen de la zona corriendo.
Ariel parece sorprendido.
-¿Para qué la querés?...
-¿Cómo?
-Nunca la usaste. Siempre… mirándola. No es sólo el caparazón de un animal… y lo sabés. ¿Pero de qué te sirve estar apegado a esa… tragedia?
Beta no contestó. Esa fue la última conversación que tuvieron.
Ambos oyeron la explosión que provenía de la montaña. Ambos sintieron el olor a tierra quemada.
Sólo uno llegó al campamento.

lunes, 24 de enero de 2022

X (Mar Del Zvr)


Lo están observando. Lo está observando.
Cada vez que entierra la pala en el barro y hace más grande el hoyo, decide que ya es suficiente. Pero el agujero es cada vez más profundo.
No hay nadie cerca. Se cercioró de que nadie lo siguiera. Necesitaba ese tiempo.
No quiere enterrarlo. Lo logró, llegó al final del proceso. Ganó, pero no puede decírselo a nadie.
Y para qué, entonces.
Todo está sucediendo al mismo tiempo, pero no puede verlo.
¿O sí puede verlo?... ¿Verse?
¿Está soñando?
No está a salvo.
¿Qué está haciendo?... ¿Qué consiguió?... ¿Qué hay en el fondo?
Lo reconoce.
Escucha las moscas, siente su presencia.
¿Es Hom?
No puede ser. Está soñando.
Hom abre los ojos. La tierra cubre parte de su rostro, pero puede entender lo que está diciendo. No lo escucha, pero lo entiende.
No es Hom, es Ariel.
No, no es Ariel.
A nadie le importa lo que piense Beta, porque no es Beta el que está haciendo el pozo.
Quiere escapar.
No quiere estar solo, pero no soporta el peso.
¿Quién es?
No está soñando.
El que no es Beta extraña a las moscas.
Está soñando.
El horizonte se mezcla con el lodo y lo abraza, lo contiene. El hoyo lo contiene.
Beta necesita respuestas, pero la caída parece eterna.

domingo, 23 de enero de 2022

IX (Mar Del Zvr)


No encuentra su roca. Es de noche, todos parecen estar durmiendo. Y su roca no está.
Busca debajo de sus mantas, pero no encuentra más que algunos bichos y otro de sus “dibujos”.
Hace un tiempo, Hom intentó robarlo. Cambiarlo por comida, o ropa, o alguna estrategia similar. Le explicó lo que tenía, que servía para escuchar el mar. Porque del mar venía. Beta decía que no le importaba ese dato. Que lo tenía en cuenta, pero que nunca había pensado en su uso… que era más bien una reliquia, algo que le recordaba un pasado. la posible existencia de uno.
Hom tiene la culpa. Pero él ya tiene una. Lo sabe. No se lo puede decir, pero sabe que tiene su propia roca. Lo vió con ella. Sólo se la quitó para "reducirlo". No era la primera vez que discutía con él, y no es el único que intenta hacerlo sentir menos. Sabe lo que todos dicen de él por detrás. Sabe que saben. De alguna forma conocen sus sueños. Lo conocen. Creen conocerlo.
Comenzó a revisar, con mucho cuidado, los alrededores. Las cosas de todos en el campamento.
Pero Beta mentía. Se mentía. Porque sí había pensado en su uso. No sólo lo había pensado, sino que lo había discutido. Pero todo estaba muy confuso. Su primera noche (que tal vez no haya sido la primera), el viejo se le había acercado. Y le habló. Le habló sobre la roca. Y recuerda que le dijo, aunque tenga lagunas, algo como que “sirve para escuchar a los fantasmas”. Beta no lo entendió en el momento y tampoco lo entiende ahora. Ariel le explicó que esa historia no es verdad, que lo inventó o lo imaginó. Que Ø no dejó la montaña esa noche.
Siempre quiso apoyar la roca (de mar) en su oreja. Pero no puede. Todavía no. Está esperando el momento… no es que tenga miedo a lo que pueda escuchar. Ahora la necesita. Por eso la sigue buscando.
Se siente traicionado, otra vez. Pero no logra canalizar su frustración. Cree que lo mejor es enfrentar a Hom en la mañana. Lo que no sabía (aunque intuía) es que ese enfrentamiento iba a terminar muy rápido, con él sangrando en el suelo y todo el grupo acusándolo de intentar romper la paz general inventando cosas (lo que no sabía ni intuía es que tenían razón). Pero hoy, ahora, todavía tiene la nariz sana. Y la razón.
Camina bajo las estrellas. Se sienta alejado del campamento. Mira el cielo y se le cruza por la mente que es muy difícil, casi paradójico, tener que procesar y reducir a palabras la sensación de no ser.
Quiere volver. No, quiere irse del campamento. La playa aparece en su mente. La arena, el viento en la cara. La inmensidad del mar.
Quiere escapar. Pero no puede.
Siente que sus fantasmas ya no están ahí, con él. Pero no se siente mal… sólo necesita saber por qué.

sábado, 22 de enero de 2022

VIII (Mar Del Zvr)


-No había una razón lógica para dejarlo vivir.
Beta no sabe qué contestarle a Ariel, que parece otra vez parece entender lo que pasa por su cabeza. Está sentado, a unos metros del cadáver del cachorro que está siendo consumido por las llamas. El resto del grupo se alejó, pero él no quiere dejarlo.
-No importa que no fuera una amenaza para nosotros en este momento – continúa -, fue lo mejor para…
No puede evitar interrumpirlo.
-Nunca intentó atacarnos. Ni siquiera lo estamos llevando para comer.
-No. Pero no puede ser alimento para “los otros”, por eso lo hacemos. Esto no es algo nuevo.
Beta se pone de pie y se acerca a Ariel.
-Hablan mucho sobre eso, pero en todo este tiempo nunca vimos a ninguno.
Se siente atraído por Ariel, lo acepta. Le atraen sus formas, formas que le resultaban conocidas, “naturales”. Poco a poco, forjaron una relación de confianza. Aún a pesar de su “amistad” con Hom. Pero hay cosas que todavía no entiende de los roles. Se siente menospreciado, como si su presencia fuera “accesoria” para el grupo (¿para Ariel también?). De cualquier manera, sabe que tener estos pensamientos paranoicos no le ayuda… hoy está contenido, está seguro. No hay razones para dudar.
-Por suerte.
-¿No deberíamos estar seguros de que hacemos lo correcto?
-Hicimos lo correcto. Que vos o yo no los hayamos visto nunca no significa que no existan. Ellos son, no cambian. No reaccionan, actúan. Siempre de la misma forma. No los entendemos, por eso. Por eso esto y todo.
Beta piensa en Ø, que por momentos parece un espejismo. Por momentos parece más real en sus sueños. Fuera de ellos, es una historia. Es una posibilidad. Una posibilidad constante, omnipresente. Por momentos escucha su voz en Ariel, en los demás. Lo vió la noche en que llegó al pueblo, en que fue rescatado. Pero nunca más volvió a salir de la cueva donde descansa y donde, aparentemente, espera la llamada de la montaña. Eso es lo que dicen. “Eso es lo que nos da seguridad”, piensa. Pero sabe que hay otra posibilidad, Que el resto lo visita. Solo a él no se le permite.
-No lo sé. Escucho muchas historias, pero…
Beta prefiere no seguir hablando, prefiere no seguir pensando. Observa cómo se apaga el fuego, cómo comienza a aparecer lo que queda del animal.
Ariel no contesta. Avanza, siguiendo el rastro del grupo. Él lo sigue.
-Es el miedo, sí. Tenés razón. Pero es lógico escuchar esa voz.
La forma en que lo dice le hace pensar a Beta que está buscando convencerse a sí mismo antes que a él. Mira hacia atrás y sólo queda un poco de humo.

VII (Mar Del Zvr)


Sabe que está soñando.
Siente las extremidades moverse, pero no está seguro de que él sea el que está al mando.
No sabe si está flotando en el agua o está volando.
Todo debería ser oscuridad pero puede sentir la luz, los colores.
No puede abrir los ojos así que intenta (¿es él el que tiene el control?) forzar los párpados con sus dedos. Pero su piel no es piel, parece derretirse al tacto.
Sigue sin poder ver.
Escucha que le gritan desde lejos. Sabe que es a él al que llaman, pero no reconoce el nombre.
Está desesperado, quiere despertar.
Ya no tiene cara. Es una máscara. No se la puede sacar (¿no se la quiere sacar?).
Ve un animal muerto y vivo a la vez.
Siente la llegada de recuerdos, pero nada concuerda con su historia.
¿Son historias?
Son máscaras.
¿Quién cuenta las historias?
¿Quién cuenta su historia?
Recuerda asesinar a Beta, pero él es Beta.
Es Ariel, pero tiene su rostro pintado. No, tampoco es su rostro. Es otra cosa.
¿Quién es Beta?
Una cueva. Olores conocidos.

Ø. El viejo es Ø.
La playa, los huesos. Otra vez.

Sabe que está soñando, pero no puede despertar.

viernes, 21 de enero de 2022

VI (Mar Del Zvr)


Le resulta difícil entender los movimientos. Pero no puede dejar de mirarlo.
Es Ariel. Está en la cima de la meseta. Solo. El sol flota por encima de la montaña, a la distancia.
Está bailando.
Beta se mueve lentamente hacia él, casi sin darse cuenta.
Es hipnótico.
Él sólo quería estar lejos del ruido. Hizo trampa, lo sabe. El momento se ve atravesado por la culpa. Un tipo de culpa particular. Compartida, en silencio. Ariel también está haciendo trampa. Bailando, para el sol. O la montaña. Recuerda que algo de eso le había dicho. “Para calmar al volcán”.
Es hermoso.
Ya no recuerda por qué había elegido ir a ese lugar.
Y se acerca cada vez más a Ariel. Sabe que lo está haciendo, y no se reprime.
Nota una silueta extra en el suelo. Una sombra grande. La reconoce. Deja de acercarse. Escucha la voz de Hom, pero no entiende qué dice.
-¿Eso es lo que viste? -pregunta Ariel, sin dejar de moverse.
Beta se acerca muy de a poco. Ya no para disfrutar sino para saber.
Hom le contesta con la cabeza y le muestra algo. Algo similar a una roca. A su roca. Le dice que esta vez necesita “pintarlo”. No entiende las últimas palabras.
Hom se sienta a un lado del círculo invisible que forma Ariel con sus movimientos.
Beta busca lentamente un lugar desde el cual pueda ver a ambos. Intenta no hacer ruido. No es instinto, es otra cosa.
Espera.
Reconoce ciertos gestos, otros le resultan ajenos. No sabía que ellos se entendían. Que estaban juntos. Tanto. Se siente raro. Hom es violento, y además lo detesta. A Beta. Nunca se lo dijo, pero él lo sabe. Pero ahora, en este momento, parece ser… dócil. Está tranquilo. Ahora abraza a Ariel, que se recuesta a su lado. Se acercan lentamente. Beta sabe que no debería estar ahí, pero no se puede ir. Teme hacer ruido y que sepan. Que piensen que los está espiando. Así que sólo aleja la vista y se focaliza en el paisaje por encima de los dos. En la montaña, en el sol.
Escucha a Ariel que dice algo. “Somos el miedo”. Cree que dijo eso. No sabe qué significa. Continúa observando el paisaje.
Es hermoso.

XVII (Mar Del Zvr)

Es real. No es tan pacífico ni tan colorido como lo había imaginado, pero es real. Llegó. Llegamos. Soy real. Siempre fui real.