miércoles, 15 de abril de 2015
Voto pop a los 85
Fuí al médico y llegué 10 minutos antes del turno.
Estaba esperando en el hall de entrada para sacar un bono cuando creí escuchar mi nombre de la boca de una mujer. Caminé hacia la zona de los consultorios y vi a una doctora (una señora mayor en un guardapolvo blanco), que al notar que me acercaba me miró (con algo de desprecio) y dijo:
-Venga... ya son las 5.
-Perdón, es que estaba esperando para sacar el bono... - le contesté, de manera extremadamente forma.
-Después lo hace. Venga, pase.
-Bueno.
Luego de esa mínima charla introductoria, la seguí hasta su consultorio y se dió una conversación más o menos así:
-Siéntese.
-...
-Sí. Dígame.
-Bueno, yo venía porque estoy teniendo dolores de cabeza muy seguidos... cada 2 días, más o menos.
-Sí.
-Ayer, por ejemplo, estuve con dolores... y lo único que me lo saca es el Migral. O sea... yo tomo Migral y se me pasa, pero me dijeron que no tengo que tomar eso porque hace mal al estómago y, bueno... no sé. Quisiera saber qué puede ser.
-...
-Yo vine acá, no sé si me atendió usted, y me mandaron a hacer unos anteojos, porque una de las teorías era que este tema de los dolores fuera por estar trabajando todo el día con la computadora. Y yo tengo una pequeña deficiencia en el ojo izquierdo.
-Bueno.
-También ando sintiéndome mal del estómago. No sé si es por los analgésicos... además yo no como mucho como para andar tan mal. No desayuno, y a veces no ceno. A veces me como una fruta...
-Ese sobrepeso que tiene usted no se logra con una fruta, discúlpeme.
-Bueno... obvio. Como mal. Pero no creo comer tanto como para estar así.
-...
-Hago deporte tres veces por semana...
-¿Qué hace?
-Juego al fútbol 2 veces por semana y una vez al paddle.
-¿Juega?
-Sí, juego... ¿por qué vendría hasta acá para mentirle?
-¿Hace dieta?
-No. No hago.
-Ajá... ¿y cuál es su horario laboral?
-¿Horario?
-Sí... horario. ¿Me entiende?
-De 9 a 4.
-Ah, entonces tiene tiempo para hacer deporte.
-Sí, por eso lo hago.
-¿Fuma?
-No.
-¿Drogas?
-No.
-¿Nada?... ¿marihuana?, ¿cocaína?
-No. Nada.
-¿Extasis?
-No.
-¿Seguro?
-Sí.
-¿Dieta no, no?
-No.
-¿LSD?
-No. Nada...
-¿Dónde nació?
-¿Dónde nací?... en Bernal. Pero viví en Wilde toda mi vida.
-¿Y sus padres?
-También. Son de Avellaneda.
-¿Abuelos?
-Salvo una de mis abuelas, el resto son argentinos. También vivieron en Avellaneda. Algunos en Dock Sud, otros en...
-Bueno. Se va a hacer unos estudios y cuando los tenga vuelve y los vemos.
-Ah, le comento, por las dudas... yo tengo historial de tiroides en la familia...
-Sí, ese estudio se pide siempre que hay sobrepeso de por medio.
-Bueno. Igual, yo venía más que nada por el tema de la cabeza.
-Hágase estos estudios, vuelva, y lo charlamos.
-Está bien... pero yo quisiera solucionar el tema de la cabeza antes.
-Venga cuando se haya hecho los estudios.
-...
-¿Algo más?
-¿Cómo hago con el bono?
-Sáquelo y déjeselo ahí, a los chicos de las computadoras.
-Chau, hasta luego. Gracias.
Salí del consultorio y mientras estaba pagando el bono (que me costó $10) lo ví a Orlando Barone esperando para sacar un turno y lo saludé con la mano.
Me devolvió el saludo.
Me fuí del sanatorio sintiendo un poco de pena por ese viejito de mierda que aparece en la tele.
martes, 7 de abril de 2015
Chistes que no hacen reír (porque intento suplantar la falta de talento con una insoportable necesidad de atención (y eso no tiene nada de gracioso))
Entran un argentino, un gallego y un judío a un bar.
El judío entra primero y los otros dos cruzan la puerta detrás de él, conversando.
El argentino, con cierta moderación, continúa con su argumentación:
-Yo te entiendo, pero... ¿sabés lo que pasa?, no creo que la identidad futbolística tenga sentido fuera del ámbito deportivo. Y no lo digo para sentirme más que las personas que disfrutan del fútbol, porque yo también siento pertenencia por cosas que me hacen analizar el mundo en términos absolutos, pero... bueno, no creo que ese conjunto de abstracciones sea algo lo suficientemente "real" como para enorgullecer a todo un país.
-Bueno, tío... disiento con algunos de vuestros puntos pero creo que en el análisis general estamos de acuerdo. Aunque, siendo sincero, vuestra necesidad de crear de cada tema de conversación una tesis me resulta más interesante que el fútbol y su lugar en la cultura.
El argentino esboza una sonrisa y palmea al gallego en la espalda.
El judío, a unos metros de ellos y ya sobre la barra, les llama la atención:
-Muchachos, digan qué quieren tomar. Yo invito.
Un tiburón blanco salta desde la barra y devora al judío, al gallego y al argentino (en ese orden) y luego se retira del bar silbando "Everybody hurts".
***
-Nunca me cogería una mina que estuviera re buena si sólo le interesara mi status de rockero famoso. Eso si fuera un rockero o famoso, cosa que no pasaría nunca porque no me gusta la fama: creo que es una cagada caer en la mediocridad que significa crear arte para un público general y ganar dinero con la repetición de estructuras... no habría ruptura, no habría violencia en lo que hago. Ojo, igual tampoco creo estar empatizando con el rock o con la contracultura que tiene asociada. Creo que estoy viejo para esa carga de rebeldía impostada. De cualquier manera, empiezo a darme cuenta de que estoy viejo para muchas cosas. Inclusive, a veces, hasta para coger.
-Lo entiendo... ¿ya eligió el juguete para la "Cajita Feliz" del nene?
***
Mi casa, mis paredes, mis columnas (no pienso), la sorpresa en el espejo, mi mujer (las mujeres), mis viejos, el laburo, mis aspiraciones, la falta de aspiración (la inspiración), lo que me gusta, lo que desearía que me guste (esclavo de la biología), la gente como algo abstracto, mis amigos, los amigos de mis amigos, la gente que me mostró lo que no quería ver (no me dejen solo), la gente como una cosa, yo como una cosa, estar conmigo, no estar con nadie, pensar en alguien (el horrible hedor que genera el reinicio perpetuo).
Un chiste que perdió la gracia (aunque, capaz, en realidad, nunca la tuvo).
lunes, 6 de abril de 2015
La felicidad
Me gustan muchas cosas... y una de ellas es escribir.
Nunca le dediqué el tiempo necesario a aprender a hacer "bien" las cosas que me gustan, porque siempre hubo un plan B (brindando seguridad y estabilidad a la cosa), que en muy poco tiempo se convertía en plan A y hacía evolucionar al anterior plan A en un pasatiempo.
Está a punto de llover.
Es domingo. Es temprano. Suena Toxica, de Babasónicos.
Me gusta escribir y casi siempre escribo de lo mismo (hoy no va a ser la excepción).
Cuando no escribo sobre mí, escribo sobre lo que me gusta, me inquieta o me interpela (básicamente, siempre escribo de mí).
Me gusta sentir que me leen. Ya sé que normalmente digo lo contrario, pero cuando alguien me lee me siento un poco menos solo.
No, no es emo. Es muy normal (humano) sentirse solo (bueno... puede ser un poco emo).
Me gusta usar paréntesis, por eso los uso.
Escribo sobre mis caprichos, de manera caprichosa, y por eso hoy voy a contar la historia de dos parlantes que hace mucho están conmigo (sí: dos parlantes).
Hace mucho tiempo fuí un pibe de 17.
Sí, es un capricho, pero voy a arrancar la historia a los 17 años (bueno... mitad capricho, mitad no me acuerdo más para atrás (mitad "lo anterior existe sólo para ser analizado por un profesional")).
A ese pibe que fuí le gustaba el rock. No sabía por qué, pero le gustaba (podía estar horas discutiendo cosas como: "¿quién es más duro?: ¿Kurt Cobain o Rob Halford?").
Podría decir que le gustaba la música, pero estaría mintiendo.
Ese pibe de 17 fué el que empezó a salir con mi señora.
Le gustaba el rock, y por eso no sabía tocar ningún instrumento. Aún así, terminó en una banda, llenando el vacío de un pibe-no-tan-pibe que dejó la música porque se hizo policía (la historia de él es seguramente más dramática e interesante que la de estos parlantes, pero este es mi blog y... bueno... me lo cojo cuando quiero). Yo/el pibe de 17 se hizo cantante sin saber un ápice de música.
Sí... es probable que pase de la primera persona a la tercera.
Sí: no sé escribir. Es por eso que me confundo los tiempos verbales y las personas. Es por eso.
A todo esto, el pibe de 17 cumplió 18, y después 19. Durante ese tiempo quiso aprender música pero no pudo: era vago. Y, además, le gustaba el rock... no la música. Y el rock no se aprende, dicen.
Se recibió como pudo. Se convirtió en un papel con muchos números: "Técnico aviónico", decía el papel.
Sí, es un capricho, pero voy a arrancar la historia a los 17 años (bueno... mitad capricho, mitad no me acuerdo más para atrás (mitad "lo anterior existe sólo para ser analizado por un profesional")).
A ese pibe que fuí le gustaba el rock. No sabía por qué, pero le gustaba (podía estar horas discutiendo cosas como: "¿quién es más duro?: ¿Kurt Cobain o Rob Halford?").
Podría decir que le gustaba la música, pero estaría mintiendo.
Ese pibe de 17 fué el que empezó a salir con mi señora.
Le gustaba el rock, y por eso no sabía tocar ningún instrumento. Aún así, terminó en una banda, llenando el vacío de un pibe-no-tan-pibe que dejó la música porque se hizo policía (la historia de él es seguramente más dramática e interesante que la de estos parlantes, pero este es mi blog y... bueno... me lo cojo cuando quiero). Yo/el pibe de 17 se hizo cantante sin saber un ápice de música.
Sí... es probable que pase de la primera persona a la tercera.
Sí: no sé escribir. Es por eso que me confundo los tiempos verbales y las personas. Es por eso.
A todo esto, el pibe de 17 cumplió 18, y después 19. Durante ese tiempo quiso aprender música pero no pudo: era vago. Y, además, le gustaba el rock... no la música. Y el rock no se aprende, dicen.
Se recibió como pudo. Se convirtió en un papel con muchos números: "Técnico aviónico", decía el papel.
Buscó trabajo y consiguió. Fábricas, reparaciones de fotocopiadoras... cosas de esas. Nunca cosas "aviónicas". Sí muchos ensayos y algunos recitales en vivo dónde perdía plata pero ganaba eso que le gustaba, aunque a veces no se acordara muy bien qué era.
Un mediodía en un taller en la calle Tacuarí, donde laburaba el pibe (que ya tenía 20 (o 21)), mientras discutía con su mejor amigo por teléfono por una boludez (siempre son boludeces, aunque eso no significa que no sean importantes), le presentaron a una de las personas más odiosas que se cruzaron en su camino. Era un flaco nuevo, un pibe más joven que él que, según su jefe, prometía un montón. Hoy puedo aceptar muy tranquilo que el tipo podía ser irritable, pero muy inteligente.
En ese momento, los ensayos con la banda se hacían en la casa de los hermanos González, en Solano. Era un paso muy importante para la banda poder separar las voces de la guitarra. Físicamente. Pasarlas por otros equipos (¿se entiende la marginalidad?). Y este pibe, el compañero nuevo, era DJ. Hacía parlantes y cosas de esas, así que le pedí una potencia y unos parlantes (150W x 2).
Fué una linda época. Todo sonaba lindo. Hasta que dejó de sonar. Hasta que el pibe (ya seguro de 23) perdió amigos, banda, laburo... y cosas de esas. Y mudó la potencia y las cajas (y el carácter) a la casa de un amigo (no tenía lugar en mi casa (no todavía)).
Al poco tiempo empezó a tocar en otra banda. Eso lo llevó a conocer un montón de buena gente y otro montón de gente de mierda. Pero sobre todo conoció gente.
Se casó (con una mujer que no merecía, pero a fin de cuentas él no merecía a nadie, así que, bueno... eso) y compuso las mejores letras de su vida. Tuvo la mejor banda del Mundo.
Un mediodía en un taller en la calle Tacuarí, donde laburaba el pibe (que ya tenía 20 (o 21)), mientras discutía con su mejor amigo por teléfono por una boludez (siempre son boludeces, aunque eso no significa que no sean importantes), le presentaron a una de las personas más odiosas que se cruzaron en su camino. Era un flaco nuevo, un pibe más joven que él que, según su jefe, prometía un montón. Hoy puedo aceptar muy tranquilo que el tipo podía ser irritable, pero muy inteligente.
En ese momento, los ensayos con la banda se hacían en la casa de los hermanos González, en Solano. Era un paso muy importante para la banda poder separar las voces de la guitarra. Físicamente. Pasarlas por otros equipos (¿se entiende la marginalidad?). Y este pibe, el compañero nuevo, era DJ. Hacía parlantes y cosas de esas, así que le pedí una potencia y unos parlantes (150W x 2).
Fué una linda época. Todo sonaba lindo. Hasta que dejó de sonar. Hasta que el pibe (ya seguro de 23) perdió amigos, banda, laburo... y cosas de esas. Y mudó la potencia y las cajas (y el carácter) a la casa de un amigo (no tenía lugar en mi casa (no todavía)).
Al poco tiempo empezó a tocar en otra banda. Eso lo llevó a conocer un montón de buena gente y otro montón de gente de mierda. Pero sobre todo conoció gente.
Se casó (con una mujer que no merecía, pero a fin de cuentas él no merecía a nadie, así que, bueno... eso) y compuso las mejores letras de su vida. Tuvo la mejor banda del Mundo.
Hizo cosas. Un montón. O sea... aprendió un oficio (que nada tenia que ver con lo que quería hacer realmente (o sí, pero porque capaz le daba verguenza aceptar que prefería ser un intrascendente antes que fracasar)), aprendió a tocar la guitarra (más o menos (menos que más)) y al tiempo intentó poner una sala de ensayo con un amigo.
Sus parlantes sonaban en su sala de ensayo. Su voz (gritos (cosas)) volvía a salir por esas cajas. Pero la pelotudez duró poco: fracasó (y tuvo sentido... tuvo todo el sentido (porque a él le gustaba el rock (él no podía hacer otra cosa salvo fracasar))).
Es difícil hacerse cargo de las subjetividades ajenas.
Tuvo otras bandas. Ensayó en otras casas, en otras salas. Disfrutaba.
Los parlantes y la potencia seguían sonando, pero cada vez costaba más prenderlas.
Hasta ayer.
Ayer las cajas llegaron a casa.
Ayer colgó los botines.
Ayer creó una nueva excusa y la rodeó de un montón de mierda para hacer de cuenta que se daba cuenta de que es un tipo sin talento, al que le gustan las cosas pero no se banca la pelusa (es difícil hacerse cargo de las subjetividades ajenas).
Ayer dejó un par de cosas en el camino, pero lo importante es que me trajo las cajas a casa.
Ayer, sábado, conecté los parlantes gigantes a la consola potenciada y ésta última a la PC. Puse un disco (no me acuerdo cuál era) y lo escuché: Nunca pensé que estas cajas podían sonar tan bien. Nunca habían sonado tan bien.
Es domingo, son 9:16 de la mañana, y estoy a punto de poner un disco de Baroness (es una especie de stoner-rock con onda (me gustan mucho)).
Me gusta escribir (aunque no lo sepa hacer). Ah, y me gusta leer.
Me gustan los comics (otro día capaz que uso algo de su simbología para descargar alguna frustración, pero por hoy creo que ya estoy hecho).
Upa... se largó a llover.
Ah, me olvidaba: gracias.
Me gustan los comics (otro día capaz que uso algo de su simbología para descargar alguna frustración, pero por hoy creo que ya estoy hecho).
Upa... se largó a llover.
Ah, me olvidaba: gracias.
lunes, 2 de marzo de 2015
Je suis Rockwell
-Sos un clon.
Julián no podía evitar demostrar lo nervioso que lo ponía la actitud de Martín que, sin levantar la mirada del paquete de Oreo, le contestó muy calmado:
-Sí, te escuché la primera vez... ¿vos sabías que estas galletitas son veganas?... bah, eso dicen.
-¿Pensás seguir tomando mate como si nada?
Martín no estaba interesado en lo que le estaban diciendo (o sí, pero lo disimulaba muy bien). Es que esta era una información con la que él ya había tenido contacto una semana antes. Pensó mucho en lo que esto representaba y había tomado una decisión definitiva: no le iba a importar. Y punto. Y listo. Y, si bien pensaba hacerse cargo de la posición que estaba tomando, tampoco tenía por qué darle explicaciones a nadie. Bah, por lo menos eso pensaba él.
-¿Vas a decir algo sobre lo que te acabo de contar?
Julián estaba cada vez más sacado. Pero ese nerviosismo no tenía tanto que ver con la noticia sobre Martín sino con una carta de la AFIP donde lo intimaban a presentarse y pagar un montón de dinero que no sabía que debía (más intereses). Al parecer, la contadora blanqueaba dinero de otras empresas sobrefacturando a nombre de la suya (o algo así). Lo importante es que Julián no conseguía comunicarse con esta mujer, supuesta culpable de todo el problema, y eso lo estaba volviendo loco. Y, aparte, estaba toda esta locura de Martín y los clones.
-Ya te dije que no pienso decir ni hacer nada.
Martín amagó a pararse de la mesa pero rápidamente se dio cuenta de que la cocina era demasiado pequeña como para ganar algo de tiempo al calentar el agua del mate, o hacer café… o algo. Así que sólo se reacomodó en la silla.
-¿Pero no te das cuenta que esto puede ser una bomba? - de vuelta, Julián intentaba hacer entrar en razón a Martín de la manera más pragmática que se le ocurría.
-¿Una bomba para quién?
-Para todos… ¿no hablaste con el profesor Hamilton?
-Sí.
-¿Y no te dijo que no sos el único?... ¿que está todo “armado”?
-Sí.
-¿Y no pensás hacer nada?, ¿en serio?
Martín había escrito un montón de tuits diciendo que era un clon, y todos lo tomaron en chiste. Eso lo hacía reír mucho (por dentro).
Todo este problema lo había agarrado en un mal momento. No estaba bien con su novia, y le estaba gustando cada vez más Luciana, que era una amiga que no era amiga pero era amiga. Este renacimiento de la incertidumbre lo estaba llevando a lugares mentales que le parecían ridículos por un lado, y excitantes por otro. Pero, sobre todo, lo hacía pensar en las posibilidades. Y de eso quería hablar en el fondo con Julián: de las posibilidades. Y, sobre todo, de Luciana.
Agarró la pava, cebó un mate y se lo dió a Julián. Casi sin mirarlo e intentando correr la conversación, preguntó:
-¿Hace cuánto que no nos veíamos?
-No sé.
Julián tomó el mate y lo apoyó en la mesa. Martín lo miró un segundo y habló casi sin pensar:
-¿No sentís que todo esto de madurar nos alejó?
Cuando terminó de escuchar esto, Julián estuvo a punto de mandarlo a la mierda. Él, en el fondo, sentía que los problemas de la mayoría de sus amigos (incluyéndolo a Martín) eran boludeces. Que, justamente, el problema era que él había madurado y el resto no. Problemas eran otros… no las boludeces de no aprobar una materia o alguna minita que no daba bola. “Un problema es la AFIP”, pensaba. De cualquier manera, le contestó:
-No. Bah, puede ser. Creo que no tenemos el tiempo que querríamos para compartir.
-¿En serio?... ¿pero no pensás que esto de no compartir vuelve el mundo un poco más chico?... ¿casi como si el mundo fuera cada uno, separado del resto?
-Es lo que hay, Tincho.
-Bueno, a eso voy… - Martín se paró para darle más énfasis a esa idea que se le acababa de ocurrir y Julián supo que esto sólo podía terminar en un monólogo o en una fuerte discusión. – ¿no te parece que podría existir un mundo donde no te resultara tan fácil aceptar que yo fuera un clon?
Julián creía saber hacia dónde iba la conversación y no le gustaba. Pero no pudo evitar preguntar.
-¿Cómo?
-Sí, claro… ¿no pensás que si tipos como Superman o Flash nunca hubieran aparecido esto sería distinto?
-Esta conversación está perdiendo sentido muy rápido.
-A ver… - Martín se apoyó en la mesada, dándole la espalda a Julián. Bajó la cabeza y prosiguió. - lo que quiero decir es: ¿esto de vivir cada vez más solos no nos debería volver más perceptivos a los mundos de los demás?... ¿más conscientes de otras cosas?
-AFIP. Tengo que pagarle 150 lucas a la AFIP… ¿te gusta mi mundo?
Martín se dio vuelta, salió de esa especie de trance existencialista y miró a Julián con cierta ternura.
-Uff… no. Perdón… ¿te puedo ayudar en algo?
-No. Salvo que tengas 150 lucas.
-No las tengo. Pero… bancá – se volvió a sentar en la mesa -. Te entiendo que tengas estos bardos… ¿pero no me podés seguir en lo que te estoy diciendo?
Julián no supo qué decir. No sabía si irse, si llorar un rato, si decirle que era un pelotudo o que lo quería… así que, simplemente, se lo quedó mirando.
-Yo digo que capaz esto no debería ser algo común. Clones, tipos con armas enormes, mutantes, extraterrestres… en serio, estaría buenísimo, capaz, no sé… verlo con ojos nuevos. Estaría bueno mirarnos con ojos nuevos… ¿no?
-No se puede. Lo que vos podés hacer ahora es llamar a algún fiscal y hacerte cargo de que sos un clon.
-¿Y esa gente que es como yo?
-¿Los otros clones?
-Sí.
-Van a saber la verdad.
-Les voy a cagar la vida.
A Julián le sonó el teléfono: era la contadora. Dudó un segundo entre atender o seguir con lo que Martín le estaba diciendo pero finalmente decidió cortarle. Sabía que esto que estaba haciendo era una pelotudez, pero en la duda reaccionó casi instintivamente.
Martín lo vió mirando el celular y entendió que a su epifanía le quedaba poco tiempo de atención.
-Capaz que no. Han pasado cosas más raras. ¿No te acordás de la invasión thanagariana?... la gente siguió con su vida. La gente siempre sigue con su vida.
-Sí. Me acuerdo. Pero igual… ¿vos me entendés, no?
Julián no le entendía un carajo, pero no podía seguir hablando: tenía que llamar a la contadora que lo estaba buscando. Así que asintió con la cabeza y se paró de la mesa mirando el celular.
-¿Te tenés que ir a la mierda?
-Sí… la contadora.
-Dale, no hay drama… ¿nos podemos ver en la semana?... necesito contarte algunas cosas. Son boludeces.
-Nunca son boludeces.
Julián mentía. Pero no era para tanto. Si Martín estaba bien, valía la pena. Y, además, tenía que irse.
-Dale. Te abro. Y gracias por venir.
-De nada.
Fueron los dos hasta la puerta de calle casi sin mirarse. Martín abrió la puerta y miró hacia la esquina más cercana mientras escuchaba la desactivación de una alarma. Cuando volvió a mirar, Martín ya estaba en el auto saludando y yéndose de contramano.
Esa noche, Martín se sentó en la pc, dispuesto a hablar con Luciana y decirle que… bueno, no sabía muy bien qué, pero algo. No pudo. Intentó con unos vasos de whisky encima, pero tampoco lo logró. Tenía miedo… mucho miedo. Demasiado. Pero ya estaba frente a la computadora, así que escribió en Facebook: “Soy un clon. Tengo pruebas”. Después de esto, intentó llamar a Julián para contarle de Luciana. Nunca lo atendió. “Capaz está en un quilombo”, dijo para sí (“es un hijo de puta”, pensó realmente).
A las 2 horas, un auto negro, con dos hombres de traje, estaba en la puerta de su casa para llevarlo a una reunión con una tal Amanda Waller.
lunes, 12 de enero de 2015
El mundo sin Batman 2
-Gracias.
-¿Querés un budín?... me lo dieron en el laburo, ¿lo querés?
-Bueno, gracias.
-Che, perdón que te pregunte... ¿qué te pasó en la pierna?
-Mis papás la vendieron para comprar una cama.
-Eh... ¿en serio?
-Sí.
-Pero eso es... terrible.
-Sí, no sé... ¿por?
-Los padres deberían cuidar a sus hijos... ¿me decís en serio esto?
-Sí. ¿Usted cómo sabe eso de lo que tiene que hacer un papá?... ¿usted tiene hijos?
-No, yo no...
-¿Y tiene una cama?
-Sí. Tengo una cama.
-Seguro que es mejor tener una cama y no un hijo, ¿no?
-¿Eh?
-Sí. A veces todo no se puede. Gracias por todo.
***
-Soñé que cada vez que intentaba hacer una rabona me enroscaba y me caía.
-Yo soñé que vos decías que no podías hacer una rabona.-Y yo soñé que ustedes dos tenían una conversación donde hablaban de sus sueños interconectados.
-Ah, y yo soñé que nosotros 4 estábamos hablando sobre cómo nuestros sueños se conectaban y Luis decía que él había soñado con Flavia Palmiero.
-Para que toda esta porquería tuviera sentido, cada uno debía hablar sobre su propio sueño: el de Flavia era mío... me tocaba a mí. El orden es parte de la pseudo-gracia. Cagaste el remate, Esteban. Ni como personaje unidimensional en un chiste de mierda servís. Gordo, con estos pelotudos no laburo más... me rajo.
Y así fué como nunca más pude usar a Luis. Se fué sin decir adónde.
Dicen que consiguió entrar en lo de José María Listorti y va a laburar en la nueva de los bañeros. Me alegro mucho por él, aunque eso no quita que lo extrañe.
A veces, cuando pienso en algunos conceptos que él me explicó (como por ejemplo "la banalidad como pose y la necesidad de vacío estético"), me dan ganas de llamarlo para saber cómo está; pero al toque me doy cuenta que todo está bien así: el ahí y yo acá (con las personas que, por más pelotudas que Luis piense que son, aprendí a querer (pero sobre todo aprendí que me siento mejor cuando no las convierto en una extensión de mis miserias)).
***
Esa noche, mientras volvía de un viaje sicotrópico infernal, decidí que no era posible viajar en el tiempo.Al lado mío estaba todavía Batman, mirándome a los ojos, hablándome de 5 arquetipos que mi cabeza estaba amalgamando en su figura. Y todo eso mientras fumaba un cigarrillo marrón muy finito. Pero Batman no fuma.
- Batman no fuma - lo interrumpí.
Me miró fijo, haciendo una mueca de fastidio sincero. Como si esperara más de mí. Como me miraba mi abuelo cuando le decía que no quería laburar toda mi vida.
- Y Dios no te odia.
- ¿Qué?
- Nada. Vení... acercáte que te sigo contando.
Batman se acomodó la capucha y siguió inventando una historia donde yo viajaba en el tiempo y asesinaba a mi propia muerte.
Me miró fijo, haciendo una mueca de fastidio sincero. Como si esperara más de mí. Como me miraba mi abuelo cuando le decía que no quería laburar toda mi vida.
- Y Dios no te odia.
- ¿Qué?
- Nada. Vení... acercáte que te sigo contando.
Batman se acomodó la capucha y siguió inventando una historia donde yo viajaba en el tiempo y asesinaba a mi propia muerte.
jueves, 11 de diciembre de 2014
El mundo sin Batman
-No nos vemos desde que nos recibimos, hace como 10 años, ¿no?
-Sí, zarpado.
-Che, y vos estás igual... te mantenés bien.
-Sí, gimnasio, ¿viste?... a las minitas les gusta.
-Sí. Eso dicen.
-Sí, tu novia me lo dice todo el tiempo.
-Ah.
-Jajajaja. Te jodo, boludo.
-Ja. Sí. Es señora, estoy casado.
-Boludo... ¿cómo te vas a casar?
-Sí, soy un boludo. Che, me tengo que ir a laburar... tengo hora de entrada.
-¿No te tomás una cervecita?
-Son las 9 de la mañana. Y ya tendría que estar en el laburo, perdoná.
-¿Ves?, es una mierda chabón... te re vendiste. Yo no tengo horario.
-Ah, mirá... ¿y en qué andás?
-Paseo perros.
-¿Y se levanta buena guita con eso?
-No sé. Yo paseo el perro de mi vieja.
-Ah, pensé que laburabas de eso.
-No. Yo estoy estudiando nomás: profesor de educación física. Mirá este tattoo... le re gusta a las pibitas.
-Ah.
-Che, pasáme el Uasap.
-No tengo.
-¿Celu?
-No, se me cagó ayer, te juro.
-Bueno, seguro nos vamos a cruzar. Yo antes corría en el parque pero tuve que cambiar por un quilombo con una minita y empecé a correr por acá.
-No, che... no creo. Me acordé que justo hoy me tenía que pegar un corchazo, disculpá.
-No hay drama. Aguante, chabón... nos estamos viendo.
***
-Ah bueno...ese pito es una obra maestra del diseño y la técnica.
-¿Eh?
-No, nada... es que desde que me pusieron este ojo biónico y puedo ver a través de las cosas, no puedo evitar mirar penes jóvenes.
-Entiendo, ¿pero seguro que no le hace mal eso?
-¿Me lo decís porque soy vieja?
-No, para nada. Se nota que es una señora que se mantiene bien... pero no sabía que se podía tener vision de rayos X permanentemente. ¿No es como radiación?
-Sí, obvio que es radiación. Ahora, volviendo a eso de que me mantengo muy bien... bueno, sí, hago el esfuerzo. No como vos.
-Bueno, uno a veces no puede hacer todo lo que quiere, ¿no?
-Mmmm. Aparte el pito, en sí, es chico. Lindo pero chico. Igual eso se puede arreglar.
-¿Cómo es eso?
-Se puede arreglar, igual.
-No, ¿como es eso que tengo el pito chico?
-Claro, sí... ¿Querés que te dé el número del médico que me puso este ojo con visión de rayos X?
-Bueno, pero...
-Acá tenés, tomá. No es bueno tener el pito chico.
-¿Dr. Batman?, ¿así se llama?
-Sí.
-Y tené en cuenta que todo lo soluciona con radiación.
-¿Radiación en el pene?
-¿Conocés otra forma de agrandarlo?
-Mmm... no.
-Bueno, la SUBE... ¿cuánto te cargo?
-Ah, 50... 50 pesos.
-Dale.
-"Batman"... me suena de algún lado.
-Sí, puede ser. Creo que así se llamaba el uruguayo ese que trabajaba en una de las novelas de Majul.
-Puede ser... no me acuerdo.
-Bueno, pibe. Acá tenés.
-Gracias. Chau, nos vemos.
-Nos vemos, pijicorto.
Ramones
-¿Piso?
-Segundo.
-Ahí va... ¿todo bien?
No, no me gustan los Ramones. Nunca los entendí.
No, no crecí con los Ramones (eso también lo sé), pero tampoco sé muy bien con qué mierda "crecí". Todo lo que recuerdo me parece sacado de una película, con un exceso de simbolismo idiota que no sé de dónde mierda salió: lo que me pasó en el bondi recién o ese día en que le quise pegar a una piba en el colegio porque me dijo narigón, se defendió y yo quise matarme casi en serio. Todo eso parece una mentira que me cuento para ser yo.
Los Ramones son reales. Y no sé muy bien qué quiero decir con esto.
-Todo tranqui... ¿vos?
Escucho un tema de los Ramones y no puedo evitar recordar la coherencia de gente importante. No, mía no... yo no tengo coherencia. Hablo de gente importante, que hace al mundo un poco más lindo.
-Bien, bien.
A veces pienso en las ironías de la vida.
El álbum de figuritas que me gustaría haber completado con esa persona que me hace acordar a la coherencia y a los Ramones (sobre bandas de rock) lo compartí con alguien con el que hoy ya no comparto nada (resultamos muy distintos como adolescentes y aún más como adultos).
Una de las figuritas de esa colección era una foto de la tumba de Morrison. Hace uno o dos años se la ví a alguien y se la quise robar pero no pude. Ya sé que está mal robar pero era para regalársela a un amigo.
-Calor, ¿no?
Yo quiero a las personas por lo que representan. No lo puedo evitar. Es triste, capaz. No sé.
También sé que toda la gente que quiero se va a morir. Pero lo importante es que yo me voy a morir y esas personas me hacen pensar que el mundo va a seguir girando cuando yo me vaya de acá.
Bah, no sé. Capaz que es un exceso de simbolismo, pero como toda esa estética está afuera (yo no soy el protagonista), me convenzo de que ese simbolismo sí está bien.
Nadie es protagonista.
Creo.
-Sí, el tiempo está re loco. El calentamiento global y todo eso, capaz.
Hoy a la mañana, antes de entrar al laburo, buscando un coso en mercado libre, encontré que alguien está vendiendo el álbum de "Batman, la serie animada". Yo completé ese álbum yendo a comprar las 9 figuritas que me faltaban a PANINI. Si el pibe Ramones no hubiera sido mi amigo, seguro hubiera cuestionado mi prematuro burguesismo. Pero es mi amigo. Fué mi amigo.
Me hubiera sentido melancólico si no supiera que
todo este simbolismo que estoy intentando describir es una excusa para
ser "yo".
-Bueno, me bajo acá. Nos vemos.
Gracias.
Gracias por hacer el mundo un poco más lindo y real.
-Nos vemos.
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