jueves, 11 de abril de 2013

Tan cerca de todo


No creas que la poesía se olvidó de lo que querías decir... no mientras ella sepa que hay algo que aún defendés, que aún no cedés.
Tiempo.
Ser viejo es sentir que te ponés en lugar del otro, y que nada es sagrado.
Ser maduro es aprender a hacer unas milanesas.
Ser joven e inmaduro es pensar que podés hacer lo que quieras con tu vida... incluso, tal vez, cambiar el mundo (o coger sin parar).
Tiempo.
El mundo me besa, por las dudas que mañana no llegue.
Esquivo mutaciones buscando serenidad... y lo único que encuentro son 5 mangos en un pantalón guardado.
Remuevo piezas del pasado e intento acomodarlas para que no desentone con los colores que rodean hoy mi vida.
Y la violencia crea un desierto. Pero deja todo en su lugar.
Cambio colores (molestos algunos, tal vez) por grises.
Alguien me toca el hombro, todos los días a la misma hora y en el mismo lugar.
Algunos locos dicen que lo hice. Finalmente lo hice. Por lo menos eso dicen. Los locos.
Tiempo.
Soy un inútil.
Quisiera decirte que no es verdad esa máxima tan argentina de que los amigos no lastiman: si... lo hacen. Pero siempre de frente. O no... a veces no. Pero para eso son los amigos: para perdonar las puñaladas, vengan de donde vengan. (¿No?)
A veces escribo sobre nada, pero éste no es el caso. Aunque parezca que sí.
Tiempo.

viernes, 15 de marzo de 2013

Dying Song



Y tal vez todo haya empezado esa tarde que decidí ratearme e ir a buscarte a la puerta del colegio. Aunque a veces pienso que todo empezó cuando después de esa pelea, el auto se paró, casi cinematográficamente, en la puerta de esa escuela tan llena de recuerdos. Ese sábado... filoso y soleado.
Nada es realmente el final.
La mirada se me escapa por el cerrojo y te veo, una y otra vez, desvistiéndote. No te recordaba tan blanca y segura. Tal vez decida llorar un rato.
Una casa. Un rincón. Una canción loopeada. Y la sensación de que lo que necesito existe.
Lloro y te pido una metáfora para entender lo que me pasa.
Tal vez lo que da vueltas es la sensación de final... ¿y si todo es mi responsabilidad?, ¿si realmente pudiera creer eso?
Puedo esperar el sonido en las memorias un rato más: quiero escucharte gritar mientras caen las últimas lágrimas con mi nombre. 
Por la ventana veo crecer el sol por detrás de la fábrica abandonada y escucho la puerta de la pieza que se cierra de un golpe. El gato juega con un cable y se cae del sillón. Yo no puedo aguantar las ganas de reír a carcajadas.
Te quiero.
Mi reflejo cae en una nave desde el cielo y ya no lo puedo detener. Muchas películas pasan, una atrás de otra, formando una espiral de seguridad y tristeza. Te agarro la mano cada vez mas fuerte y te pido que no me dejes ir.
Te extraño. Aunque sé que hay algo que no está bien en el razonamiento. Aún así, siento que te extraño.
Algunos dicen que vivir es como remontar un barrilete... y no voy a explicar la analogía, porque la verdad es que no la entiendo... pero tené en cuenta que una canción nunca salvó a nadie.
Silencio.
No puedo evitar acercarme a esa chica que, parada a mi derecha, se rasca la cabeza con un libro de Spiegelman.
Perdón.
                                                                            ***

Me gustaría contarte que hoy soy medianamente feliz. Y espero que vos también lo seas. Sé que cumplí mi rol casi a la perfección. Y digo casi, porque si hubiera actuado perfecto, no estaría escribiendo esta carta.
Ojalá continúes teniendo tu historia de amor grandiosa. Yo siempre fuí la que te esperaba en casa, con mi vida mundana y la espera, épica, que sostenía todas tus miserias... todas las cosas que te abducían y te volvían un retornador profesional.
Hoy entiendo que tal vez no fué culpa de nadie pero, sin embargo, creo que es necesario que de alguna manera entiendas que las cosas que hiciste y hacés no son gratis. Nada es gratis.
Perdonáme si no supe entenderte. Ya, por suerte, no necesito que me expliques nada mas.
Gracias.

jueves, 7 de febrero de 2013

El ano del universo (I've Just Seen A Face)



Hay lugares que recuerdo casi como si nunca hubiera estado ahí.
Y a veces pienso en la posibilidad de que nunca hayan existido...
pero escucho las voces,
que me dicen, que me cuentan,
que siempre van a estar cuando (donde) lo necesite.
Y a veces pienso que no,
que no hace falta nada de eso.
(Lo intento)
Y cometo el error de no decirlo,
para que haya vuelta atrás.
Las excusas rara vez salvan una vida... sólo que, a veces también, descubren una muerte fabulosa por detrás de las miserias y virtudes.
Con eso en mente, me escapo a una época mas simple... que creo haber olvidado, aunque es probable que cuando finalizó yo no estuviera nacido.
Escucho 'Ticket to Ride' y, mágicamente, entiendo que nunca entendí esa canción.
(Posición fetal).
Creo que a veces me trago las virtudes y las miserias, pero debería mirar mas y comer con los ojos un poco.
Me cago en todo.
Ya no sé ni a quien le escribo,
la verdad.
Es que me perdí,
evidentemente.
(Me fuí un rato, ahora vuelvo)
Y no puedo evitar el ridículo todo el tiempo.
Aún cuando no hago absolutamente nada.
Estoy muy enojado con todo y ya no sé muy bien por qué.
Te pido perdón, porque no es contra vos... pero es que sos la que no está acá, y eso me parte a la mitad.
Me alcanza con pedir disculpas por nunca mas haber pasado por ahí, por nunca más haberte visto.
Y si vos no pasás nunca más por acá,
está todo bien.
Yo nunca pensé en pasar por acá de nuevo tampoco.
Y mirá que loco que es,
que acá estoy.
(La presión sobre la tecla 'n' aumenta).
Y sé que debería cambiar el título de esto,
que ya empieza a perder el rumbo,
como casi mi vida casi se pierde,
también.
Casi.
Me caigo un poco más, poco a poco.
Creo recordar una cara, aunque ya no sé si era un lugar,
un culo,
o vos.
Todo está oscuro,
y empiezo a recordar el por qué.

lunes, 28 de enero de 2013

Otro


"Nada es como nos dicen que es... las estructuras que definen nuestra posición social y nuestro potencial futuro (nuestra vida) están basadas en la teoría de que es necesario cercenar las libertades individuales para que la sociedad no se estanque y se devore a sí misma en una nube de caos y anarquía." - dijo Michel.
"¿Y por qué?" - preguntó Forrest rascándose la barbilla, con rostro intrigado, mientras miraba por la ventana. Pensó unos instantes y se contestó a sí mismo mirando hacia arriba: "Mi mamá decía que la vida es como una caja de bombones: nunca sabés que te puede tocar".
Alejandro se paró y miró por un segundo la mesa (en ella se podía leer: "violencia es mentir", marcado con fuerza, sobre un ángulo) y, cuando Michel estaba a punto de continuar con su discurso, lo interrumpió: "La vida está en cada canción de los Beatles, y las respuestas cotizan en bolsa".
Ninguno de los presentes entendió un carajo, pero "el gil" se rió como si lo hubiera hecho y le hubiera sonado a un concepto infantil.
Todos se miraron salvajemente, salvo Alejandro, que seguía mirando la mesa mientras y continuaba: "la eternidad es como un tema de Charly: todos vamos de la cama al living sin saber muy bien por qué". Terminó y miró a los comensales esperando la aprobación y la veneración por tan inteligente frase. Una lástima... no estaba en la mesa indicada. 
Nadie replicó.
Jorge Luis, que aún estaba masticando el último pedazo de bife de chorizo, se levantó de la mesa indicando con su mano derecha el baño. Partió hacia allá.
Alejandro seguía esperando algo, Forrest parecía no entender, pero sí, y Michel decidió callarse, ya que había decidido que hablar en esta mesa era, literalmente, al pedo. Claro, era "Michel"... el estaba destinado, aunque nadie lo supiera, a grandes cosas.
Bruno, el quinto comensal, hacía 15 minutos que no articulaba palabra. Bajaba  la cabeza y se metía algún bocado de milanesa (o alguna papa frita) cada vez que alguien lo miraba. Esperaba el momento justo para revelar el secreto que llevaba con él desde muchos años.
"Che, ¿vos no escribís?... ¿no tenés un blog o algo?" - le preguntó "el gil", con una sonrisa, a Alejandro... a lo que él contestó: "no, pero una vez escribí una canción... un rockandroll. Y estaba buenísimo. A veces me pregunto por qué nunca tuve una banda porque..."
"¡Los blogs son una mierda!" - gritó, desde unos 5 metros de la mesa, Jorge Luis, que volvía secándose las manos del baño - "Cualquier pelotudo que ni siquiera fué a un solo taller de escritura y no tiene nada para decir tiene uno... es todo por las minitas, ya nadie cree en la búsqueda... ¡váyanse todos a cagar!" - y se sentó.
"Bueno, Jorgito... no es para tanto. No hacen mal a nadie." - lo intentó calmar Michel.
"¿Que no hacen mal?... obvio que hacen mal: bastardizan la escritura... llenan de mierda la web... ya nadie sabe que mierda leer porque encontrar un blog con ideas es mas difícil que coger con el icq..." - contestó muy serio y consternado.
Alejandro se calló... era bastante nuevo en el grupo, y nunca lo había visto tan exaltado a Jorge Luis, que seguía   gritando barbaridades, ahora, sobre los músicos indies. Forrest miraba por la ventana sin, aparentemente, estar pendiente de la discusión.
Mientras escuchaba esa oda a los conceptos elitistas (eso no quita que sean reales) del arte, Michel, para adentro iba contestando cada concepto... pero no tenía sentido discutir con los pibes. Nunca lo iban a entender.
Bruno, hechado hacia atrás en la silla de madera, los miró a cada uno por un instante y, finalmente, lo soltó: "Ahora que están todos, tengo algo que decirles: soy Batman". 
Todos se callaron. Lo miraron.
"Yo ya lo sabía: tus zapatos me lo dijeron hace años" - dijo Forrest mientras señalaba los pies de Bruno, debajo de la mesa. Y continuó: "mamá decía que podés saber mucho de las personas por los zapatos que usan. También decía que tonto es el que hace tonterías... y, Jorge Luis, es una tontería enojarse por lo que hace la gente para cojer. Pueden seguir...".
Todos callaron y se miraron menos "el gil", que replicó: "algo fácil para buscar ideas de lo cual escribir y no decir nada es leer los wikiquotes: hacer al Principito un emo garpa bocha con las minitas".
Bruno, desconcertado, se incorporó y continuó comiendo. 
Jorge Luis se calló y, nervioso, comenzó a jugar con las servilletas.
Alejandro quiso retomar la conversación: "¿Ven?, es como tener un pibe: nunca sabés como es hasta que te pasa..." y Michel lo interrumpió, mandándolo a la mierda (siendo realistas, le dijo: "cerrá el orto, pelotudo").
Todo siguió mas o menos así hasta que se murieron. 
Todos.
Otro final feliz.

lunes, 14 de enero de 2013

Salud, dinero y amor (discurso marxista)



"Despertáte", gritaban inocentemente los rayos del sol que entraban por las endijas de la ventana.
Duele ver la luz de frente, terminar de abrir los ojos: es que me acosté temprano porque me dolía mucho la cabeza. Me dolía tanto que puteé al universo y a mis viejos como hace años no lo hacía... esa fué la noche de una mañana de domingo adolescente, como hace días no tenía. Sin resaca.
La gárgola gris sobre la biblioteca me devuelve la mirada y, cansada e imperativa, señala el camino al éxito. No hago caso y, en cambio, prendo la computadora y comienzo a escribir.
Las ideas rodean típicos tópicos (un lindo juego de palabras): soledad y domingo. Y escribir sobre escribir.
Me levanto y acerco a la ventana para buscar ese algo que enfoque la mirada y defina el concepto.
Noto el cambio, la transición: las luces de la calle se comienzan a apagar, una a una. Igual que la gente que va y viene por la avenida.
Hay un momento durante la mañana donde existe un recambio natural... donde los individuos que disfrutaron de la noche volvieron a sus nidos y los que le deben al día, aún no emprendieron el viaje. Es un nada despreciable momento para disfrutar con una ventana grande y un café ya tibio.
Los sonidos desaparecen: los gritos de las minitas desesperadas y borrachas se funden con los pasos de los caballos de la gente que sale a "reciclar". Los beats mega-graves y los acordeones se pierden en el horizonte musical (que en realidad parece ser Lanús-Oeste). Y los ruidos de motores subdesarrollados, las derrapadas y los botellazos se vuelven un cuento surrealista que tal vez nunca existió.
La calle de repente queda vacía. Nada interesante parece suceder afuera y eso me obliga a mirar hacia adentro: un hogar... igualmente vacío. Sólo los gatos que están retenidos en contra de su voluntad se acercan a pedir comida... y no les doy nada porque me gusta ser el centro de atención.
A mi alrededor hay demasiados comics e insuficientes libros... nada de gente y poco de vida. Siempre supe que esta mañana iba a llegar: la gente se va... la gente se esconde detrás de sus vidas y yo dejo de formar parte de ellas: los amigos, los amantes, la familia... no son eternos ni incondicionales. Y hasta hoy no me había dado cuenta. 
Todos somos momentos.
Puedo sentir el movimiento de las hojas, la necesidad de mirar por la ventana y encontrar el patrón, ese mensaje oculto que de a poco se vuelve revelador e indescriptible. Que se yo... debe haber algo ahí, atrás de toda relación, de todo cambio... de toda lectura, de toda vida. De todo desierto. 
El café cada vez está mas frío y me cuesta pensar el "como sería" si nunca hubiera sido así... así como es ahora. Tal vez esto no sea mas que un recambio... como toda mañana de domingo, con todo ese revuelo de hormonas seguido de una natural toma de responsabilidad y sacrificio bíblico. Como un desayuno frío y una necesaria visita al supermercado (con un poco de resaca solitaria), que a todas las luces parecen ser el medio transitorio entre épica y épica. Será cuestión de esperar el lunes con dignidad y con él, la promesa de posibilidades que encierra el viernes. Será cuestión de, de a poco, madurar. Y comprar un kilo de filet de merluza y algunas cervezas para aguantar.
Lo único que me gustaría decir es que, si bien todo cambia y una cosa solo puede llevar a otra, ustedes, gente (linda y fea), nunca pasaron al pedo.
Un escalofrío recorre mi espalda. Y todo fluye.
Gracias y perdón, en serio, a todos.

martes, 13 de noviembre de 2012

Título



¿Y vos por qué escribís?
Hoy todos escribimos, ¿no?... a pesar de que para algunos esas palabras no estén apretadas en un polígono blanco (dígale hoja... o el coso éste o feislíbido).
Ah, por las dudas... cuando digo "hoy", hablo de hoy (literalmente) y cuando digo "todos", soy yo (o algún que otro loco).
¿Y de qué podemos escribir si no es de cosas que nos importan?: de todo lo otro se encargan los demás... esos a los que no leemos porque no nos interesa un carajo lo que tengan para decir. Y menos cuando de lo que quieren hablar es de cuanto les duele masturbarse y de como algunas cosas se convierten en cuchillos que se afilan y manejan solos. Y duelen. Cada vez más.
Si querés puedo hacer metáforas y darle vueltas copadas a la estructura para terminar en lo mismo.
Bueno, si... tenés razón: puede que "pueda" y puede "que no". Es muy relativo. Pero por las dudas no lo hago a ver si todavía que hago esfuerzo, la cago.
Bueno, dale... probemos: resulta que la masturbación se convirtió de alguna manera, en un símbolo de lo que no quiero ser. Para algunos puede ser ver un partido de Godoy Cruz o comerse una gorda en un boliche. Para mí es la paja. Para todos es la paja.
Es que a veces uno se da cuenta que la actriz porno que mas le gusta es una amalgama muy obvia entre su hermana y la novia de un amigo. Y a veces si... el universo se va al carajo. Y es asqueroso. Y lastima. Como yo.
La masturbación nada tiene que ver con el sexo. Absolutamente nada. Tiene que ver con los miedos y el ego. Dicen.
Cambiemos de tema: ¿sabías que tengo una banda?, seguro que sí. Si estoy todo el puto día con la viola en casa y es de lo único que hablo: no cocino, no plancho, no limpio, no juego, no cojo. Toco la viola. Y si... de vuelta, ya sé que estoy viejo para aprender a tocar la guitarra. Pero es por la misma razón por la cual escribo esto. No sé cual es... pero sé que es la misma. Ah, por la dudas: no es por las minitas. Eso seguro.
Pasa que, mas allá de que es lo único que no se hacer pero me saca una sonrisa, la banda ésta está buena. Posta. Bah, yo la escucharía (todos la escucharían) pero es que... mi rol es intrascendente. Por lo menos para la banda. Y eso no está bueno. Por lo menos para mí.
La verdad es que estoy podrido de sentirme un boludo intrascendente (capaz que por eso escribo también)... ¿pero que puedo hacer?: el miedo a no saber que hacer de mi vida es mas grande que cualquier fastidioso plan para decirle chau honorablemente a esta épica rockera de mierda.
Perdón por putear.
¿Sabés lo que pasa?... no me gusta putear. A mi no me gusta... en serio. Pero si no lo hiciera, capaz que se notaría que quiero gritar. O llorar. Y eso, dicen, es de putos. Y no tengo nada contra los putos. Pero no soy puto. Creo que nadie lo es.
Che, te estoy mirando a los ojos.
Ahora.
Ya.
Escucháme, estoy confundido: lo que me pasa, lo que cuento y como todo me afecta... no creo que sea normal. A veces no puedo dormir, en serio. Tengo pesadillas donde veo a mi novia masturbándose con una foto de un ex compañero de laburo... un rico pibe, grandote y cariñoso.
Y no puedo dormir.
Y me levanto.
Y escribo. Porque es lo único que me hace dormir. Ya hacerme la paja no me cansa ni me libera. Y no puedo tocar la guitarra porque tampoco le quiero cortar la inspiración a mi novia que, capaz, se toca entre las sábanas. Entonces escribo. Mal, pero escribo.
Entonces calculo que escribo para no matarme. Como todos.
Si, ya sé. Yo también creo que necesito un poco de ayuda. Y ya sé que esto de autoanalizarme es al pedo...que debería ver a un psicólogo. O a un amigo. Pero es que ya los probé y resulta que ambos son estafadores.
Como todos.
Así que escribo. Que se yo ya por qué. Pero seguro que es por la misma razón por la cual Frusciante coverea un tema de los Bee Gees. No sé cual es, pero seguro que no es por las minitas. Eso seguro.

"Siempre lo he dicho: mejor afuera que adentro"

jueves, 18 de octubre de 2012

El mal de la generación espontánea


El rock me aburrió. Porque no existe.
Existe el rockero. El rock hace rato que se murió.
¿Existe el "popero"?: no. Porque no es necesario... porque el pop sí existe.
Y Buenos Aires es una ciudad de mierda para enamorarse. O para coger. Sobre todo desde que se murió el rock. Calculo que mas o menos desde ayer.
Mientras un viejo progre se queja de la cadena nacional y el cepo al dólar, un pibe pasa por un bar y se pone a tocar una armónica ajena y a charlar con una mina que, según ella, lo conoce de otra vida. En el mismo barcito de mala muerte, un pibe (muy serio), discute con otro sobre la existencia de las sirenas, en serio. Hippies. Y, mientras todo eso pasa, yo me replanteo la puta vida de mierda burguesa sin graves preocupaciones que llevo. Y me pierdo, capaz, alguna historia interesante en el interín.
Y en este preciso momento me rompen una palangana que tenía en la terraza. Encima, alguien que me diga por qué mierda los rockeros siempre quieren tocar a mas volumen y ser, en lo posible, los únicos que se escuchan. ¿Existió alguna vez el rock?: claro. Hoy no es lo mismo que ayer.
El dólar sigue subiendo, ganó Chavez y los caceroludos no son boludos, son gente indignada con cosas que a mí no me indignan. Con tanto quilombo es jodido encontrarle la vuelta al amor. Hoy es eso y ayer era el campo, Boudou, mi futuro laboral o algún comic que no conseguía. Por eso, por mas que me llevó una bocha de tiempo, lo logré: me acomodé y creé todo una maquinaria casi perfecta de mediocridad, pero bien: soy amigo de la mujer de mis sueños, y me casé con la mujer de mi vida. Y ahora vos, después de tanto laburo, me venís a joder la vida. Hoy. Un día de mierda. Un día en el que nadie hubiera dicho que me podía enamorar. Y menos de vos. Un día gris de mierda. O amarillo. Con tantas canciones de mierda que quisiera cantar. Pero no me escuchaba, la viola estaba muy fuerte.
Y mientras intento sentirme coherente y orgánico, dudando de cual debería ser el próximo paso, mi mejor amigo piensa en meterse un tiro para terminar de convertirse en un mito. Tal vez en otro país mas frío otro amigo mío se tira un pedo con ruido y se siente tan mundanamente humano que quiere llorar. Otro pibe se siente solo, y sigo sin entender muy bien por qué. En todo caso lo que no entiendo es por qué la soledad lo hace sentir mal.
Mis ganas de llorar y dejar de bardear aumentan y también aumenta esa sensación tan 90's de "qué carajo hago acá", ahora, en esta "ya no tanto" ciudad de mierda... sin ganas de pelear por una historia que era la mía y que ya no y que cuando quise buscarla para acordarme como era, resulta que no existía, pero que estaba ahí, con un libro de mierda en la mano y la mismísima cara del misterio entre el culo y las tetas. Y todo porque no me escuché un carajo en el ensayo. Carajo. Seguro que si hubiera podido meter 3 notas seguidas estaría en un festival de certezas, escuchando alguna bandita de gente con poco talento, pero que son buenos tipos.
Mientras tanto, un tipo de traje decide que Canadá va a ser un país importante durante los próximos 20 años y yo tengo ganas de decirte que el rock no existe, a ver que me decís. Seguro que se daría una conversación de puta madre. Pero esas cosas no pasan. No en mi peli. En la de los demás puede ser.
Al final te bajaste del bondi. Y no te dije nada. Obvio. Si no me puedo escuchar yo, imagináte si justo vos vas a entenderme. De cualquier manera, me gustaría decirte que yo no soy un rockero y que no me quiero pegar un tiro... y que si vos me conocieras tampoco querrías que lo haga. Por mas que sea un boludo mas con ganas de tocar la guitarra. O escribir. O lo que sea.
No está todo perdido: una vieja en la parada tiene una remera de "A Perfect Circle". Todavía está todo bien. Todavía todo gira y mi ombligo sigue siendo el centro. Y en algún lado, lejos, alguien piensa en sincronicidades arbitrarias. Y me sale una sonrisa. Para adentro.
Al final el amor habla más de uno mismo que del otro. Y no debería ser así... o el equivocado soy yo. No importa, mañana es otro día.

XVII (Mar Del Zvr)

Es real. No es tan pacífico ni tan colorido como lo había imaginado, pero es real. Llegó. Llegamos. Soy real. Siempre fui real.