lunes, 2 de marzo de 2015
Je suis Rockwell
-Sos un clon.
Julián no podía evitar demostrar lo nervioso que lo ponía la actitud de Martín que, sin levantar la mirada del paquete de Oreo, le contestó muy calmado:
-Sí, te escuché la primera vez... ¿vos sabías que estas galletitas son veganas?... bah, eso dicen.
-¿Pensás seguir tomando mate como si nada?
Martín no estaba interesado en lo que le estaban diciendo (o sí, pero lo disimulaba muy bien). Es que esta era una información con la que él ya había tenido contacto una semana antes. Pensó mucho en lo que esto representaba y había tomado una decisión definitiva: no le iba a importar. Y punto. Y listo. Y, si bien pensaba hacerse cargo de la posición que estaba tomando, tampoco tenía por qué darle explicaciones a nadie. Bah, por lo menos eso pensaba él.
-¿Vas a decir algo sobre lo que te acabo de contar?
Julián estaba cada vez más sacado. Pero ese nerviosismo no tenía tanto que ver con la noticia sobre Martín sino con una carta de la AFIP donde lo intimaban a presentarse y pagar un montón de dinero que no sabía que debía (más intereses). Al parecer, la contadora blanqueaba dinero de otras empresas sobrefacturando a nombre de la suya (o algo así). Lo importante es que Julián no conseguía comunicarse con esta mujer, supuesta culpable de todo el problema, y eso lo estaba volviendo loco. Y, aparte, estaba toda esta locura de Martín y los clones.
-Ya te dije que no pienso decir ni hacer nada.
Martín amagó a pararse de la mesa pero rápidamente se dio cuenta de que la cocina era demasiado pequeña como para ganar algo de tiempo al calentar el agua del mate, o hacer café… o algo. Así que sólo se reacomodó en la silla.
-¿Pero no te das cuenta que esto puede ser una bomba? - de vuelta, Julián intentaba hacer entrar en razón a Martín de la manera más pragmática que se le ocurría.
-¿Una bomba para quién?
-Para todos… ¿no hablaste con el profesor Hamilton?
-Sí.
-¿Y no te dijo que no sos el único?... ¿que está todo “armado”?
-Sí.
-¿Y no pensás hacer nada?, ¿en serio?
Martín había escrito un montón de tuits diciendo que era un clon, y todos lo tomaron en chiste. Eso lo hacía reír mucho (por dentro).
Todo este problema lo había agarrado en un mal momento. No estaba bien con su novia, y le estaba gustando cada vez más Luciana, que era una amiga que no era amiga pero era amiga. Este renacimiento de la incertidumbre lo estaba llevando a lugares mentales que le parecían ridículos por un lado, y excitantes por otro. Pero, sobre todo, lo hacía pensar en las posibilidades. Y de eso quería hablar en el fondo con Julián: de las posibilidades. Y, sobre todo, de Luciana.
Agarró la pava, cebó un mate y se lo dió a Julián. Casi sin mirarlo e intentando correr la conversación, preguntó:
-¿Hace cuánto que no nos veíamos?
-No sé.
Julián tomó el mate y lo apoyó en la mesa. Martín lo miró un segundo y habló casi sin pensar:
-¿No sentís que todo esto de madurar nos alejó?
Cuando terminó de escuchar esto, Julián estuvo a punto de mandarlo a la mierda. Él, en el fondo, sentía que los problemas de la mayoría de sus amigos (incluyéndolo a Martín) eran boludeces. Que, justamente, el problema era que él había madurado y el resto no. Problemas eran otros… no las boludeces de no aprobar una materia o alguna minita que no daba bola. “Un problema es la AFIP”, pensaba. De cualquier manera, le contestó:
-No. Bah, puede ser. Creo que no tenemos el tiempo que querríamos para compartir.
-¿En serio?... ¿pero no pensás que esto de no compartir vuelve el mundo un poco más chico?... ¿casi como si el mundo fuera cada uno, separado del resto?
-Es lo que hay, Tincho.
-Bueno, a eso voy… - Martín se paró para darle más énfasis a esa idea que se le acababa de ocurrir y Julián supo que esto sólo podía terminar en un monólogo o en una fuerte discusión. – ¿no te parece que podría existir un mundo donde no te resultara tan fácil aceptar que yo fuera un clon?
Julián creía saber hacia dónde iba la conversación y no le gustaba. Pero no pudo evitar preguntar.
-¿Cómo?
-Sí, claro… ¿no pensás que si tipos como Superman o Flash nunca hubieran aparecido esto sería distinto?
-Esta conversación está perdiendo sentido muy rápido.
-A ver… - Martín se apoyó en la mesada, dándole la espalda a Julián. Bajó la cabeza y prosiguió. - lo que quiero decir es: ¿esto de vivir cada vez más solos no nos debería volver más perceptivos a los mundos de los demás?... ¿más conscientes de otras cosas?
-AFIP. Tengo que pagarle 150 lucas a la AFIP… ¿te gusta mi mundo?
Martín se dio vuelta, salió de esa especie de trance existencialista y miró a Julián con cierta ternura.
-Uff… no. Perdón… ¿te puedo ayudar en algo?
-No. Salvo que tengas 150 lucas.
-No las tengo. Pero… bancá – se volvió a sentar en la mesa -. Te entiendo que tengas estos bardos… ¿pero no me podés seguir en lo que te estoy diciendo?
Julián no supo qué decir. No sabía si irse, si llorar un rato, si decirle que era un pelotudo o que lo quería… así que, simplemente, se lo quedó mirando.
-Yo digo que capaz esto no debería ser algo común. Clones, tipos con armas enormes, mutantes, extraterrestres… en serio, estaría buenísimo, capaz, no sé… verlo con ojos nuevos. Estaría bueno mirarnos con ojos nuevos… ¿no?
-No se puede. Lo que vos podés hacer ahora es llamar a algún fiscal y hacerte cargo de que sos un clon.
-¿Y esa gente que es como yo?
-¿Los otros clones?
-Sí.
-Van a saber la verdad.
-Les voy a cagar la vida.
A Julián le sonó el teléfono: era la contadora. Dudó un segundo entre atender o seguir con lo que Martín le estaba diciendo pero finalmente decidió cortarle. Sabía que esto que estaba haciendo era una pelotudez, pero en la duda reaccionó casi instintivamente.
Martín lo vió mirando el celular y entendió que a su epifanía le quedaba poco tiempo de atención.
-Capaz que no. Han pasado cosas más raras. ¿No te acordás de la invasión thanagariana?... la gente siguió con su vida. La gente siempre sigue con su vida.
-Sí. Me acuerdo. Pero igual… ¿vos me entendés, no?
Julián no le entendía un carajo, pero no podía seguir hablando: tenía que llamar a la contadora que lo estaba buscando. Así que asintió con la cabeza y se paró de la mesa mirando el celular.
-¿Te tenés que ir a la mierda?
-Sí… la contadora.
-Dale, no hay drama… ¿nos podemos ver en la semana?... necesito contarte algunas cosas. Son boludeces.
-Nunca son boludeces.
Julián mentía. Pero no era para tanto. Si Martín estaba bien, valía la pena. Y, además, tenía que irse.
-Dale. Te abro. Y gracias por venir.
-De nada.
Fueron los dos hasta la puerta de calle casi sin mirarse. Martín abrió la puerta y miró hacia la esquina más cercana mientras escuchaba la desactivación de una alarma. Cuando volvió a mirar, Martín ya estaba en el auto saludando y yéndose de contramano.
Esa noche, Martín se sentó en la pc, dispuesto a hablar con Luciana y decirle que… bueno, no sabía muy bien qué, pero algo. No pudo. Intentó con unos vasos de whisky encima, pero tampoco lo logró. Tenía miedo… mucho miedo. Demasiado. Pero ya estaba frente a la computadora, así que escribió en Facebook: “Soy un clon. Tengo pruebas”. Después de esto, intentó llamar a Julián para contarle de Luciana. Nunca lo atendió. “Capaz está en un quilombo”, dijo para sí (“es un hijo de puta”, pensó realmente).
A las 2 horas, un auto negro, con dos hombres de traje, estaba en la puerta de su casa para llevarlo a una reunión con una tal Amanda Waller.
lunes, 12 de enero de 2015
El mundo sin Batman 2
-Gracias.
-¿Querés un budín?... me lo dieron en el laburo, ¿lo querés?
-Bueno, gracias.
-Che, perdón que te pregunte... ¿qué te pasó en la pierna?
-Mis papás la vendieron para comprar una cama.
-Eh... ¿en serio?
-Sí.
-Pero eso es... terrible.
-Sí, no sé... ¿por?
-Los padres deberían cuidar a sus hijos... ¿me decís en serio esto?
-Sí. ¿Usted cómo sabe eso de lo que tiene que hacer un papá?... ¿usted tiene hijos?
-No, yo no...
-¿Y tiene una cama?
-Sí. Tengo una cama.
-Seguro que es mejor tener una cama y no un hijo, ¿no?
-¿Eh?
-Sí. A veces todo no se puede. Gracias por todo.
***
-Soñé que cada vez que intentaba hacer una rabona me enroscaba y me caía.
-Yo soñé que vos decías que no podías hacer una rabona.-Y yo soñé que ustedes dos tenían una conversación donde hablaban de sus sueños interconectados.
-Ah, y yo soñé que nosotros 4 estábamos hablando sobre cómo nuestros sueños se conectaban y Luis decía que él había soñado con Flavia Palmiero.
-Para que toda esta porquería tuviera sentido, cada uno debía hablar sobre su propio sueño: el de Flavia era mío... me tocaba a mí. El orden es parte de la pseudo-gracia. Cagaste el remate, Esteban. Ni como personaje unidimensional en un chiste de mierda servís. Gordo, con estos pelotudos no laburo más... me rajo.
Y así fué como nunca más pude usar a Luis. Se fué sin decir adónde.
Dicen que consiguió entrar en lo de José María Listorti y va a laburar en la nueva de los bañeros. Me alegro mucho por él, aunque eso no quita que lo extrañe.
A veces, cuando pienso en algunos conceptos que él me explicó (como por ejemplo "la banalidad como pose y la necesidad de vacío estético"), me dan ganas de llamarlo para saber cómo está; pero al toque me doy cuenta que todo está bien así: el ahí y yo acá (con las personas que, por más pelotudas que Luis piense que son, aprendí a querer (pero sobre todo aprendí que me siento mejor cuando no las convierto en una extensión de mis miserias)).
***
Esa noche, mientras volvía de un viaje sicotrópico infernal, decidí que no era posible viajar en el tiempo.Al lado mío estaba todavía Batman, mirándome a los ojos, hablándome de 5 arquetipos que mi cabeza estaba amalgamando en su figura. Y todo eso mientras fumaba un cigarrillo marrón muy finito. Pero Batman no fuma.
- Batman no fuma - lo interrumpí.
Me miró fijo, haciendo una mueca de fastidio sincero. Como si esperara más de mí. Como me miraba mi abuelo cuando le decía que no quería laburar toda mi vida.
- Y Dios no te odia.
- ¿Qué?
- Nada. Vení... acercáte que te sigo contando.
Batman se acomodó la capucha y siguió inventando una historia donde yo viajaba en el tiempo y asesinaba a mi propia muerte.
Me miró fijo, haciendo una mueca de fastidio sincero. Como si esperara más de mí. Como me miraba mi abuelo cuando le decía que no quería laburar toda mi vida.
- Y Dios no te odia.
- ¿Qué?
- Nada. Vení... acercáte que te sigo contando.
Batman se acomodó la capucha y siguió inventando una historia donde yo viajaba en el tiempo y asesinaba a mi propia muerte.
jueves, 11 de diciembre de 2014
El mundo sin Batman
-No nos vemos desde que nos recibimos, hace como 10 años, ¿no?
-Sí, zarpado.
-Che, y vos estás igual... te mantenés bien.
-Sí, gimnasio, ¿viste?... a las minitas les gusta.
-Sí. Eso dicen.
-Sí, tu novia me lo dice todo el tiempo.
-Ah.
-Jajajaja. Te jodo, boludo.
-Ja. Sí. Es señora, estoy casado.
-Boludo... ¿cómo te vas a casar?
-Sí, soy un boludo. Che, me tengo que ir a laburar... tengo hora de entrada.
-¿No te tomás una cervecita?
-Son las 9 de la mañana. Y ya tendría que estar en el laburo, perdoná.
-¿Ves?, es una mierda chabón... te re vendiste. Yo no tengo horario.
-Ah, mirá... ¿y en qué andás?
-Paseo perros.
-¿Y se levanta buena guita con eso?
-No sé. Yo paseo el perro de mi vieja.
-Ah, pensé que laburabas de eso.
-No. Yo estoy estudiando nomás: profesor de educación física. Mirá este tattoo... le re gusta a las pibitas.
-Ah.
-Che, pasáme el Uasap.
-No tengo.
-¿Celu?
-No, se me cagó ayer, te juro.
-Bueno, seguro nos vamos a cruzar. Yo antes corría en el parque pero tuve que cambiar por un quilombo con una minita y empecé a correr por acá.
-No, che... no creo. Me acordé que justo hoy me tenía que pegar un corchazo, disculpá.
-No hay drama. Aguante, chabón... nos estamos viendo.
***
-Ah bueno...ese pito es una obra maestra del diseño y la técnica.
-¿Eh?
-No, nada... es que desde que me pusieron este ojo biónico y puedo ver a través de las cosas, no puedo evitar mirar penes jóvenes.
-Entiendo, ¿pero seguro que no le hace mal eso?
-¿Me lo decís porque soy vieja?
-No, para nada. Se nota que es una señora que se mantiene bien... pero no sabía que se podía tener vision de rayos X permanentemente. ¿No es como radiación?
-Sí, obvio que es radiación. Ahora, volviendo a eso de que me mantengo muy bien... bueno, sí, hago el esfuerzo. No como vos.
-Bueno, uno a veces no puede hacer todo lo que quiere, ¿no?
-Mmmm. Aparte el pito, en sí, es chico. Lindo pero chico. Igual eso se puede arreglar.
-¿Cómo es eso?
-Se puede arreglar, igual.
-No, ¿como es eso que tengo el pito chico?
-Claro, sí... ¿Querés que te dé el número del médico que me puso este ojo con visión de rayos X?
-Bueno, pero...
-Acá tenés, tomá. No es bueno tener el pito chico.
-¿Dr. Batman?, ¿así se llama?
-Sí.
-Y tené en cuenta que todo lo soluciona con radiación.
-¿Radiación en el pene?
-¿Conocés otra forma de agrandarlo?
-Mmm... no.
-Bueno, la SUBE... ¿cuánto te cargo?
-Ah, 50... 50 pesos.
-Dale.
-"Batman"... me suena de algún lado.
-Sí, puede ser. Creo que así se llamaba el uruguayo ese que trabajaba en una de las novelas de Majul.
-Puede ser... no me acuerdo.
-Bueno, pibe. Acá tenés.
-Gracias. Chau, nos vemos.
-Nos vemos, pijicorto.
Ramones
-¿Piso?
-Segundo.
-Ahí va... ¿todo bien?
No, no me gustan los Ramones. Nunca los entendí.
No, no crecí con los Ramones (eso también lo sé), pero tampoco sé muy bien con qué mierda "crecí". Todo lo que recuerdo me parece sacado de una película, con un exceso de simbolismo idiota que no sé de dónde mierda salió: lo que me pasó en el bondi recién o ese día en que le quise pegar a una piba en el colegio porque me dijo narigón, se defendió y yo quise matarme casi en serio. Todo eso parece una mentira que me cuento para ser yo.
Los Ramones son reales. Y no sé muy bien qué quiero decir con esto.
-Todo tranqui... ¿vos?
Escucho un tema de los Ramones y no puedo evitar recordar la coherencia de gente importante. No, mía no... yo no tengo coherencia. Hablo de gente importante, que hace al mundo un poco más lindo.
-Bien, bien.
A veces pienso en las ironías de la vida.
El álbum de figuritas que me gustaría haber completado con esa persona que me hace acordar a la coherencia y a los Ramones (sobre bandas de rock) lo compartí con alguien con el que hoy ya no comparto nada (resultamos muy distintos como adolescentes y aún más como adultos).
Una de las figuritas de esa colección era una foto de la tumba de Morrison. Hace uno o dos años se la ví a alguien y se la quise robar pero no pude. Ya sé que está mal robar pero era para regalársela a un amigo.
-Calor, ¿no?
Yo quiero a las personas por lo que representan. No lo puedo evitar. Es triste, capaz. No sé.
También sé que toda la gente que quiero se va a morir. Pero lo importante es que yo me voy a morir y esas personas me hacen pensar que el mundo va a seguir girando cuando yo me vaya de acá.
Bah, no sé. Capaz que es un exceso de simbolismo, pero como toda esa estética está afuera (yo no soy el protagonista), me convenzo de que ese simbolismo sí está bien.
Nadie es protagonista.
Creo.
-Sí, el tiempo está re loco. El calentamiento global y todo eso, capaz.
Hoy a la mañana, antes de entrar al laburo, buscando un coso en mercado libre, encontré que alguien está vendiendo el álbum de "Batman, la serie animada". Yo completé ese álbum yendo a comprar las 9 figuritas que me faltaban a PANINI. Si el pibe Ramones no hubiera sido mi amigo, seguro hubiera cuestionado mi prematuro burguesismo. Pero es mi amigo. Fué mi amigo.
Me hubiera sentido melancólico si no supiera que
todo este simbolismo que estoy intentando describir es una excusa para
ser "yo".
-Bueno, me bajo acá. Nos vemos.
Gracias.
Gracias por hacer el mundo un poco más lindo y real.
-Nos vemos.
lunes, 29 de septiembre de 2014
Un borrador
- Damián... ¿estás bien?
Fernando, desde el otro lado de la puerta del baño, me grita. No puedo contestar.
- Dale, Damián. Contestáme... ¿estás bien?, ¿necesitás algo?
- Sí, sí. Todo bi... todo tranqui.
Intento recuperar la consciencia. No entiendo muy bien lo que está pasando.
- La piba se asustó.
La piba. La concha de la lora. Yo sabía que me iba a pasar esto. "Decíle que está todo bien", fué lo único que se me ocurrió.
- ¿Querés que pase?
- No, tranquilo.
No estaba tranquilo. Estaba enfermo. No podía vomitar. Fernando me había llevado a ese lugar de mierda. "Whiskería", me dijo. Un burdel, quería decir. Era obvio que esto iba a pasar.
- Sos un boludo.
Me hace calentar.
- El boludo sos vos. Yo quería cerrar el tema del guión, y vos querías hinchar las pelotas.
Le estoy gritando, mientras aprieto los dientes. Me duelen los dientes.
- Dale boludo... ¿en serio me vas a joder por esto?, dejáme pasar y lo hablamos.
Fernando golpea la puerta con fuerza. Estaba caliente, pero yo estaba más.
- Sos un forro. Te dije que no quería pasar. Que estaba todo bien. Te dije que quería charlar un rato nada más.
- Dale, salí.
Estoy muy caliente. No quiero salir. Quiero vomitar. No se me paró. Yo quería cerrar lo del guión.
- "Vemos que está él solo en la cama. Nos quedamos con la cara de Damián, entre medio de las 2 almohadas. El despertador sigue sonando y nos movemos bajo la cama. Ahí vemos la figura rota de Batm..."
- ¿Me estás leyendo el comienzo de nuevo?... y ya te dije que lo del muñeco no va. No sirve. No hay que poner esos guiños si queremos el subsidio. ¿Por qué te digo esto?... salí.
Empiezo a escuchar murmullos del otro lado de la puerta. Debe haber más de 3 personas con Fernando. Dicen cosas. Seguro hablan de mí. No me importa.
- Dale, dejáme entrar.
- No, no - mientras niego con la cabeza y sostengo la puerta con un brazo, trastabillo y resbalo. Me golpeo la cabeza. Puteo.
- La puta que te parió, boludo. Tengo gente acá que me está hinch...
No puedo escuchar. Me quedo sordo. Intento pararme... ¿estoy sordo?, ¿vomité?; me duele la cabeza.
Me cuesta, pero logro pararme. El baño no parecía tan grande hace un rato.
- Eh, bacán.
Miro alrededor. Nada. No escucho ruidos, sólo esa voz. Pero estoy solo.
- Acá, pibe.
En el inodoro. El sonido sale del inodoro.
- Sí, yo. Soy yo... ¿qué hacés?
- ¿Eh?
Esto no está pasando.
- Tranquilo. No me vomités todavía. Está todo bien. Yo te quiero ayudar.
- Esto no está pasando.
Me trago el vómito. Ácido.
- Sí, está pasando. Y está todo bien.
El inodoro me está hablando. Me recuesto sobre la pared. No escucho ruidos de afuera y estoy muy asustado... ¿estoy muerto?
- ¿Estoy muerto?
- No. Para nada. Estás acá, todavía, en el bulín. Escuché todo lo de tu amigo... ¿vos sos puto?
- ¿Eh?
- No se te paró, ¿no?... escuché eso recién.
- La puta que te parió.
- Tranquilo, cusifae... yo soy como un genio. Si querés te puedo desaputazar.
- ¿Me morí?, ¿por qué no escucho lo que dicen afuera?
- Mirá pibe, yo ahora te quiero regalar un par de cosas... ¿tamo'?. Está todo bien. Yo te concedo 3 deseos, vos te vas de acá bien machito, y yo vuelvo a casa. Es rápido.
Yo quiero cerrar lo del guión. La parte de la figura de Batman es importante, y Fernando no lo entiende. ¿Por qué no puedo escuchar más a Fernando?, ¿cómo puedo ser tan boludo para terminar en un lugar como este?
- A mí me gustan las mujeres - subo la voz casi sin querer.
- Bueno, no hay drama. Primer deseo.
- ¿Qué?
- Primer deseo.
Lo que quiero es, aunque sea una puta vez, hacer algo que quiera en serio en vez de seguirle la corriente a los que se supone que saben mejor que yo lo que quiero o necesito hacer con mi vida.
- ¿Sandra?, ¿quién es Sandra? - la voz del inodoro resulta más expresiva que lo que uno podría esperar (claro, si uno esperara que un inodoro hable). No, pará. Esto está pasando solamente en mi cabeza.
- ¿Querés volver con Sandra?, ¿es eso?, ¿por eso no se te para?... resultaste un tiernito.
No puede saber quién es Sandra.
- Pará un poco. Sos un inodoro... ¿cómo sabés de Sandra?, ¿por qué podés hablar?... dá vuelta la prioridad de las preguntas.
- Mirá. Otra vez. Soy el genio del viorsi. Tengo muchos años acá. Y solamente estoy escuchando lo que dicen de vos en el pasillo. Un tal Fernando, creo.
- ¿Por qué yo no puedo escucharlos?
- ¿Qué se yo?, es fácil pibe. Tres deseos. Si querés usá uno para sacarte la duda de que esto sea posta. Dale.
No sé qué hacer. Quiero hablar con Fernando.
- Quiero que entre Fernando.
Escucho un golpe en la bañera. Era Fernando.
- Fer.
- ¿Qué pasó?
- Nada. No pasa nada. Escucháme. Está pasando algo muy zarpado acá - no creo ni poder decirlo, en realidad.
- ¿Eh?
- Sí, ya sé como va a sonar, pero el inodoro habla. Y me quiere conceder 3 deseos. En serio.
- A vos se te quemó el cerebro.
- No, boludo, en serio. Hablále.
- Cerrá el orto, boludo - me empuja apenas, pero siento la impotencia -. Recién me vinieron a apurar para que salieras, y a decirme que la piba cobra igual.
Lo agarro del cuello de la camisa y lo golpeo contra la pared. Me lastimo el hombro. Presiono más.
- Te dije que no quería pasar. Me tenés podrido... la piba ahí, tirada, y la veo... yo no quería venir. Me chupa un huevo. Pagále vos. Yo me voy a la mierda.
Hay algo raro en el aire. No estoy pudiendo respirar bien. Fernando lo nota. Lo odio. Los odio a todos. Lo suelto. Le doy la espalda.
- Escuchá, Dami... pará un poco - me toca el hombro-. Ya sé que capaz me pasé. Pero no estás bien. Después de lo de Sandra no quedaste bien. Quería que saliéramos. Yo sabía que - sigue hablando mientras se sienta en el borde de la bañera - no te gustaba. Pero es que, no sé... sos raro.
Lo miro. Yo no soy un tipo raro, Fernando sí. Siempre dudé si la complejidad que yo veía en él era un invento para evitar conocer gente nueva. La verdad es que sigo sin saberlo.
Me dejo caer en el suelo, apoyando la espalda contra la pared y pretendo pedir perdón sin ceder. Giro mi cabeza. Miro el suelo. Las cerámicas forman figuras pintorescas: tipitos en bicicleta, señoras barriendo, un aviador sin avión.
Ya no tengo tantas ganas de vomitar, pero me duelen las piernas.
- Mirá, yo te entiendo, pero lo de Sandra ya está, ya pasó... ¿por eso no pudiste ahí, con la minita?
- No, no fué por eso. Es porque me pongo nervioso. No me gusta el contexto. No puedo. Siempre pienso que la piba no quiere. Me siento una mierda; o soy puto... no sé, la verdad. Y lo de Sandra fué. Ya sé lo que querés decir. Y ya fué.
- No, no fué. Para vos no fué. Estás hecho mierda. Esa mina te hizo mierda.
Sé que cree decirme todo esto porque me quiere ayudar, pero no.
Fernando, en el fondo, no me conoce.
- Sí. Fué. Yo no soy un amargo por culpa de Sandra. O sí. Pero hoy soy así. Ya está.
- Bueno, pero la extrañás. Extrañás esa vida... ¿o no?
Me acuerdo.
- Bancá… ¿vos cómo entraste?
- Por la puerta.
- No, no entraste por la puerta.
- Sí boludo, dejá de psicopatearte... ¿la extrañás?
-¿Qué?
- Si la extrañás. A Sandra.
Miento.
- No, no sé. Creo que sí. Pero está bien.
No quiero hablar de Sandra. Bah, no sé. Es muy raro todo lo que pasó. Tiene sentido que todo haya sido un efecto del golpe. Tiene sentido.
- Escucháme un segundo Fer. Yo lo que quiero, necesito, es que el detalle de la figura de Batman esté. Tiene que estar roto, sin los brazos, y abajo de la cama.
Fernando se para. Sabe que la conversación terminó.
- ¿En serio querés discutir esto ahora?
- No. No quiero discutirlo. Quiero que sea así.
- ¿Tanto te afectó que Sandra te rompiera ese muñeco?... ¿en serio?
- No. Es simbólico. Tiene que ver con la historia.
- Después lo discutimos. Si a vos te parece, listo. Ya está. Ahora vayámonos a la mierda de acá. No vuelvo más a este lugar de mierda.
Hace un ademán con el brazo, invitándome a salir.
- Dale. Andá. Me lavo la cara y salgo.
Me paro. Creo que veo salir a Fernando del baño. Abro la canilla de la bacha y dejo salir el agua. En el fondo, sé lo que va a pasar. Me hecho agua en el pelo y me lo tiro para atrás.
- Eh, dale. Faltan dos.
Lo miro. Otra vez. El inodoro. En el fondo lo sabía.
- Dale, pebete.
Calculo que si me voy, esto termina acá, pero... ¿y si está pasando realmente?
No puedo irme así.
- Bueno, dale... ¿dos, no? - espero haber sonado desafiante.
- Sí.
- Bueno: quiero saber qué hubiera pasado si ese día no hubiera engañado a Sandra.
- Ah... era eso.
- Sí, era eso.
Vuelvo a sentirme incómodo, y vuelvo a no escuchar el bardo del pasillo.
- ¿Y lo querés en forma de visión mística o te lo cuento con algunos detalles?
- No creo que haya producción.
- Cierto. No hay producción… bueno: hubieras sido feliz.
- ¿Eh?
Si el inodoro se pudiera reír, lo estaría haciendo, lo sé.
- Sí. Hubieras sido feliz por mucho tiempo. Es más, te hubieras casado... vos la querías, ¿no?
- Sí.
- Bueno, ella también. Hubieran sido felices. Juntos. Hijos.
Entiendo, creo. Más o menos. Algo.
- Entiendo.
- ¿Y ahora?, ¿qué más?... creo que puedo adivinar el próximo deseo.
- Puede ser... a todo esto, ¿cómo te llamás?
- Hugo.
- Hugo, ¿te puedo hacer un pregunta?
- Dale.
- ¿Por qué seguís hablando como si estuvieras en los '50?
- Porque las ideas se expanden de maneras misteriosas, pero sólo si son honestas: tenés que ser honesto en la vida, pebete. A veces es mejor ser coherente antes que intentar parecer evolucionado, sofisticado.
- Puede ser.
- Seguro que puede ser... ¿no te parezco un buen maestro?
- Sí. Puede ser. En ese caso, no me gusta el tango. No entiendo la cultura que lo rodea.
- Sos un buen tipo. Bueno... ¿vamos con la última?
- Vamos.
Me agacho. Miro el agua en el inodoro moverse lentamente y puedo reconocer mi cara en el fondo.
Casi susurrando, recito mi deseo.
Estoy seguro de que si pudiera, Hugo se estaría riendo.
Vomito.
Escucho ruido. Gente que me grita cosas. Siento el ácido subir por la garganta. Me río. Corro con Fernando al lado. Lo escucho putearme. Sigo corriendo. Golpeamos sillas. Golpeo un tipo contra una puerta. Fernando me sigue puteando. Me río. No entiendo. Me limpio la boca.
Me río.
Corro.
Me putean.
Me río y sigo corriendo.
Me despierto. Creo.
Estoy en mi cama, en mi pieza.
El despertador sigue sonando.
Abro el brazo y chequeo el espacio: sí, estoy solo.
Recuerdo cosas salteadas. Dudo.
Me giro para ver la mesa de luz y entiendo. Creo. Más o menos.
La figura de Batman, con sus dos bracitos. Perfecta. Sin un rasguño.
Me río.
"Gracias Huguito... fué una buena vida".
Y vuelvo a dormir.
Más o menos.
lunes, 11 de agosto de 2014
Awesome Mix
Nos encontramos ya adentro del bar.
Él ya estaba sentado en la mesa, esperándome.
Me vió y, con una sonrisa, señaló que en mi mejilla había un polvo blanco.
Yo lo miré y le remarqué que tenía un polvo blanco en una de las comisuras del labio.
Se rió, y al toque supe que era falopa.
Me reí y se dío cuenta de que era harina de los ravioles que había cocinado para almorzar.
Nos reímos como dos boludos durante un rato hasta que decidimos que era hora del silencio (casi) incómodo.
La mesa elegida estaba en el centro del bar.
Me sentía raro, pero no se lo dije.
Nos contamos cosas banales de la vida y cosas no tan banales y más aburridas.
Recordamos viejas anécdotas de cuando tocábamos juntos en esa banda que era una mierda, y de cómo (casi) pudimos creer que podíamos lograr algo a través de la música.
Básicamente, hablamos sobre la miseria, (casi) sin decirle miseria.
Él actualmente tiene una banda y sigue tocando algo parecido a la mierda que hacíamos juntos.
Yo (casi) no estoy en ninguna banda.
Yo (casi) no estoy en ninguna banda.
A veces no nos mirábamos a los ojos cuando aportábamos una falsa conclusión moralista a las anécdotas descontextualizadas de cada uno, pero nos reíamos.
Nos reímos mucho durante esas horas, durante esa tarde.
Me dijo de ir a verlo tocar en vivo esa misma noche.
Le dije que sí, que le mandaba un mensajito cuando estaba en la puerta.
Casi le digo que su banda era una mierda y que no iba a ir porque me daba paja. Casi.
Me dijo que me extrañaba.
Le dije que lo extrañaba.
Los dos estábamos siendo sinceros, pero no estábamos muy seguros de lo que queríamos decir.
Nos saludamos y cada uno volvió a sus cosas.
Yo volví a mi casa que, básicamente, es mi cosa.
Cuando llegué, saludé a mi novia con un beso.
El beso pudo haber estado despojado de muchas cosas capaz... pero fué sincero.
Saqué la guitarra, la afiné, y salí al balcón a tocar ese tema de Alice in Chains... ese, el único que (casi) sé tocar.
El perro apareció en el balcón, también.
Me enojé con él, porque siempre que sale al balcón ladra.
Pero no... no ladró.
Ayer, pasada la tarde, pude tomar mate y tocar la guitarra en el balcón.
Y el perro no ladró. (Casi) nunca ladró.
Nos reímos mucho durante esas horas, durante esa tarde.
Me dijo de ir a verlo tocar en vivo esa misma noche.
Le dije que sí, que le mandaba un mensajito cuando estaba en la puerta.
Casi le digo que su banda era una mierda y que no iba a ir porque me daba paja. Casi.
Me dijo que me extrañaba.
Le dije que lo extrañaba.
Los dos estábamos siendo sinceros, pero no estábamos muy seguros de lo que queríamos decir.
Nos saludamos y cada uno volvió a sus cosas.
Yo volví a mi casa que, básicamente, es mi cosa.
Cuando llegué, saludé a mi novia con un beso.
El beso pudo haber estado despojado de muchas cosas capaz... pero fué sincero.
Saqué la guitarra, la afiné, y salí al balcón a tocar ese tema de Alice in Chains... ese, el único que (casi) sé tocar.
El perro apareció en el balcón, también.
Me enojé con él, porque siempre que sale al balcón ladra.
Pero no... no ladró.
Ayer, pasada la tarde, pude tomar mate y tocar la guitarra en el balcón.
Y el perro no ladró. (Casi) nunca ladró.
lunes, 4 de agosto de 2014
Batibatir batiboludeces
Hitler fué un pobre tipo que se dió cuenta de que todos los males del mundo se debían a seres muy parecidos a él pero fundamentalmente inferiores, que llevaban el mundo a destruirse o, peor aún, a un estancamiento de la raza más evolucionada en el planeta (que era la suya propia).
Ahora bien, si usted cambia la palabra "Hitler" por "cualquier idiota con complejo de mártir que cree que todo lo bueno que le pasa es debido únicamente a su esfuerzo y todo lo malo por culpa del resto de los seres humanos (con lo cual se desliga de cualquier responsabilidad ante cada uno de los inconvenientes que pudieran sucederse en su tiempo de existencia)", nos encontraríamos con que hay muchos más Hitler's en el mundo de lo que se piensa.
Si me acompaña a continuar con el experimento y cambiamos este texto por cualquier otro de cualquier red social, nos daríamos cuenta que este rejunte de bits estilizados seguiría sin tener un ápice de importancia o trascendencia.
Entonces, si finalmente llenamos el espacio físico que ocupo yo, el autor de este coso, con cualquiera de todos ustedes, el resultado sería un humano que escribe un texto que yo podría llegar a entender pero de manera arbitraria... cercenando miles de asociaciones internas que me resultarían invisibles pero que para ese ser que está ocupando mi lugar en el universo hubieran sido definitorios y fundacionales para la generación de la idea a transmitir.
De todo esto puedo sacar 2 conclusiones:
1 - Está bueno creerte un milagro si considerás que las condiciones de existencia que nos separan son extremadamente distintas e irracionales y que no va a existir nadie como vos... pero es interesante no olvidar que eso que nos hace especiales también nos vuelve seres tristes y solitarios en una búsqueda constante de absolutos en un universo hecho de relatividades (al menos para los que no se creen (mucho mucho) mejores que el resto).
2 - No hay nada especial en mi análisis basado en mi idiosincracia y mis contextos irreproducibles. Aún así, no me canso de decir siempre lo mismo.
3 - Hitler no tenía razón porque su pensamiento es muy de hippie "salvador del mundo" y los hippies nunca tienen razón.
No, nunca.
4 - No sé contar.
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